26 de febrero de 2015

San ALEJANDRO DE ALEJANDRÍA. (c.250 - 328).

Favorecedor de los hombres. El que rechaza al hombre, el adversario


Martirologio Romano: Conmemoración de san Alejandro, obispo, anciano célebre por el celo de su fe, que fue elegido para la sede alejandrina como sucesor de san Pedro. Rechazó la nefasta herejía de su presbítero Arrio, que se había apartado de la comunión de la Iglesia, y junto con trescientos dieciocho Padres participó en el primer Concilio de Nicea, que condenó tal error.


Según sus biógrafos era un hombre de carácter dulce y amable a la vez de espíritu conciliador. En el 313, murió san Aquiles, patriarca de Alejandría y nuestro santo fue elegido en su puesto. Parece que fueron dos los candidatos para ocuparla: Alejandro y Arrio. Los primeros años del patriarcado de Alejandro, Arrio estuvo sumiso y reinaron buenas relaciones entre ambos. Parece que el nuevo Patriarca se entregó de lleno a defender y propagar el monacato y durante estos años conoció a san Atanasio de Alejandría. Supo descubrir la gran obra de este hombre singular y no escatimó sacrificios para formarle según el espíritu evangélico.
Por otro lado, Arrio empezó a separar y distinguir tanto a las Tres Personas Divinas que para él prácticamente tan solo el Padre era el verdadero Dios... El Hijo y el Espíritu Santo eran de inferior categoría y estaban totalmente subordinados al Padre. Para sacarle de este error Alejandro tuvo conversaciones con él en privado y, al ver que en nada progresaba..., convocó en el 320, un sínodo en Alejandría al que acudieron más de cien obispos. Arrio expuso su doctrina y fue condenado por unanimidad. Alejandro excomulgó a Arrio que partió para diversos lugares y se dedicó a extender su doctrina: el arrianismo. 
Los dos Eusebios -de Cesarea y de Nicomedia- intercedieron ante Alejandro y ante el emperador Constantino para que Arrio pudiera volver al seno de la Iglesia y se le levantara la excomunión. Para ello el emperador escribió cartas a Arrio y a Alejandro y encomendó la reconciliación a Osio, obispo de Córdoba. Pero con Arrio no había nada que hacer. En el 325, se convocó el I Concilio Ecuménico en Nicea, al que asistió el anciano Alejandro, y en el que se condenó el arrianismo. Alejandro murió a su regreso.