27 de febrero de 2015

Beata MARÍA CARIDAD DEL ESPÍRITU SANTO BRADER. (1860-1943).

(María Caridad del Amor del Espíritu Santo).


Martirologio Romano: En la ciudad de Pasto, en Colombia, beata María de la Caridad del Espíritu Santo (Carolina) Brader, virgen, que supo conjugar admirablemente la vida contemplativa con la actividad misionera y, para promover la formación cristiana, fundó las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada.

Nació en Kaltbrunn, Saint Gallen (Suiza). Su madre procuró darle una esmerada educación y la guió hacia un intenso amor de Jesucristo y a María. Estudió en buenos colegios, con gran aprovechamiento porque tenía una inteligencia poco común.
En 1880 ingresó en el convento franciscano de clausura "María Hilf", en Altstätten, a pesar de la oposición de su madre que era viuda y ella su única hija. En 1881 realizó su profesión religiosa y recibió el nombre de María Caridad del Amor del Espíritu Santo. Dada su preparación pedagógica, fue destianada a la enseñanza en el colegio adosado en el monasterio.
Abierta la posibilidad de que las religiosas de clausura pudieran salir de la clausura para ir a los países de misión. María Caridad se ofreció para ir como misionera a la diócesis de Portoviejo (Ecuador). Santa María Bernarda Bütler, era la superiora del convento que encabezó el grupo de seis misioneras. En 1888 llegaron a Chone en Ecuador. En 1993, después de un duro trabajo en Chone fue destinada para una fundación en Túquerres, Colombia. Allí desempeñó una gran labor misionera, sin importarle las inclemencias del tiempo y las intrincadas selvas.
Ante la urgente necesidad de encontrar más misioneras para tan vasto territorio y campo de apostolado, apoyada por el padre alemán Reinaldo Herbrand, fundó en 1894 la Congregación de Franciscanas de María Inmaculada. Al principio la Congregación se nutrió de jóvenes suizas que querían seguir el ejemplo de la madre María Caridad, y luego entraron en el noviciado jóvenes colombianas y se extendieron por varios países.
María Caridad supo dar a sus hermanas un gran espíritu de oración y de apostolado con los más marginados, mientras ella se nutría de la vida contemplativa en la oración y la Eucaristía. Llevada por este amor a Jesús Sacramentado, puso todo su empeño en obtener el privilegio de la Adoración Perpetua diurna y nocturna, que dejó como el patrimonio más estimado a su comunidad, junto con el amor y veneración a los sacerdotes como ministros del Señor. Tuvo una gran confianza en la Providencia y su lema fue "El lo quiere". Fue elegida superiora general dos veces, y a la tercera renunció para someterse a la obediencia de una nueva Superiora. Murió diciendo: "Jesús, ...Me muero", y su fama de santidad se extendió rápidamente. Su tumba se convirtió en lugar de peregrinación. Fue beatificada por san Juan Pablo II el 23 de marzo de 2003.