28 de enero de 2015

San JULIÁN DE CUENCA. (1128-1208).


Deseo del cielo

Martirologio Romano: En la ciudad de Cuenca, en Castilla la Nueva, en España, san Julián, obispo. Fue el segundo obispo de esta ciudad, una vez recuperada de manos de los musulmanes, y, egregio por su modo de vivir, se distinguió por repartir entre los pobres los bienes de la Iglesia, trabajando con sus manos para obtener el sustento diario.

Natural de Burgos o Toledo, era de origen mozárabe y se llamaba Julián ben Tauro. Tuvo una infancia llena de milagros. Estudió en la universidad de Palencia donde se doctoró en 1153. Fue profesor de la universidad palentina durante diez años, donde demostró su competencia docente y su atención social hacia los más pobres. En 1163, después de una crisis espiritual, dejó la cátedra y se preparó para el sacerdocio. Con su criado, san Lesmes, que le será fiel toda su vida, se hará ermitaño en las afueras de Burgos; aquí pasó tres años de oración y en 1166 fue ordenado presbítero.
Como sacerdote se dedicó a la predicación por todos los pueblos de Castilla. Fue a pie a todos los sitios y no admitió ningún tipo de ayuda económica por su trabajo apostólico. El alimento se lo procuró con la venta de cestillos de mimbre que él mismo realizaba. Lo que le sobraba se lo entregaba a los pobres. Hasta los musulmanes le respetaron de forma que pudo predicar a las comunidades mozárabes, llegando incluso hasta Córdoba. Una vez al año dejaba todo para dedicarse a la oración. En esta misión estuvo durante 15 años. 
Don Martín López, arzobispo de Toledo, le obligó a aceptar una canonjía como arcediano en la catedral de Toledo en Calatrava, dándole permiso para que en algunas épocas del año siguiera con sus predicaciones populares. Fue elegido segundo obispo de Cuenca cuando el rey Alfonso IX la reconquistó en 1195. Julián era ya anciano y no estaba para correrías apostólicas. Por amor a la Iglesia y para no apegarse a su propio criterio aceptó, pero no vivió como un prelado al uso con corte principesca. Vivió pobremente dispuesto a sanear la vida eclesiástica. Dedicó sus rentas en atender a los pobres, rescatar cautivos, a dotar doncellas, a sostener hospitales. Empezó las obras de la catedral de Cuenca, y en 1201, otorgó a los canónigos conquenses el primer "Estatuto", en el que se advierte una auténtica preocupación por el bien pasar de los componentes. Puso paz entre el Cabildo catedralicio y el Concejo de la ciudad, así como con los clérigos, por los muchos abusos que cometían los miembros del Cabildo.
Vivió en su sede y la visitó toda ella predicando, y siguió ganándose la vida con su trabajo en los cestillos de mimbre. Durante 14 años ejerció su ministerio episcopal, hasta que murió lleno de paz y vestido de sayal. Fue sin duda el más sobresaliente obispo español de la época en cuanto a su santidad. Es el patrón de Cuenca.