30 de enero de 2015

San DAVID GALVÁN BERMÚDEZ. (1881-1915).

Predilecto. Amado de Dios. Amigo

Martirologio Romano: En la ciudad de Guadalajara, en México, san David Galván, presbítero y mártir, que durante la persecución mexicana obtuvo la corona del martirio defendiendo la santidad del matrimonio, siendo fusilado por un soldado, sin previo juicio.

Nació en Guadalajara (Jalisco, Méjico); era hijo de un obrero cristiano ejemplar. Estudio en la escuela de la Sociedad Católica y en 1895 ingresó en el seminario de Guadalajara; pero le sobrevino una crisis espiritual y dejó el seminario y estuvo trabajando casi tres años en una zapatería; se volvió alcohólico y pendenciero. Trabajaba como maestro de escuela cuando fue encarcelado por golpear a uno que bailaba con su novia. Esto le hizo cambiar de vida, volvió al seminario y fue ordenado en 1909. 
Hasta 1914 fue profesor de varias asignaturas en el seminario al tiempo que regentaba la capellanía del hospital de San José del Orfelinato de la Luz. En 1914 fue nombrado párroco de la iglesia de Amatitán durante la revolución de Carranza. Aquí una tropa al mando del teniente Vera, compañero de escuela, lo detuvo y lo envió a la cárcel de Escobedo de donde saldrá al poco tiempo. Su caridad para con los pobres y los trabajadores le hizo organizar y ayudar al gremio de zapateros, oficio que ejerció al lado de su padre. Defensor de la santidad del matrimonio, ayudó a una jovencita perseguida por el coronel Vera, quien ya casado pretendía contraer matrimonio con ella. Esto le acarreó al padre Galván la enemistad del teniente que, al final, se convirtió en su verdugo. En 1915 hubo en el centro de Guadalajara un enfrentamiento entre villistas y carrancistas, y en las calles quedaron varios heridos y muertos. 
Al enterarse el padre Galván, buscó un compañero que le ayudara (el padre Araiza) y se fueron a auxiliar a los caídos. En el camino un grupo de militares los prendieron y les hicieron comparecer ante el teniente Vera donde ordenó que los fusilaran. Los condujeron al Hospital Civil donde fusilaron sólo al padre Galván, pues aunque consiguió su liberación, la orden llegó tarde. Sus últimas palabras las dirigió a los soldados encargados de fusilarlo: “Hoy nos vamos a comer con Dios”. Sus restos se conservan en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Guadalajara. Fue canonizado por SS Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000.