4 de enero de 2015

Beato MANUEL GONZÁLEZ GARCÍA. (1877-1940).


Martirologio Romano: En Madrid, España, beato Manuel González García, obispo sucesivamente de Málaga y de Palencia, que fue un pastor eximio según el corazón del Señor. Promovió el culto a la Sagrada Eucaristía y fundó entre otras la Congregación de las Hermanas Misioneras de Nazaret.

Nació de Sevilla en el seno de una familia piadosa. Fue seise de la catedral hispalense. En 1901, fue ordenado sacerdote por el beato Marcelo Spinola, cardenal arzobispo de Sevilla. Pero su vida giraba en torno a la Eucaristía: su gran preocupación fueron los sagrarios abandonados. En Palomares del Río (Sevilla) comenzó su ministerio sacerdotal, y allí ante un sagrario abandonado le marcó para toda su vida, dedicándose desde entonces a propagar la devoción a la Eucaristía.
Fue nombrado arcipreste en Huelva en 1905, y allí se dedicó a la promoción de obras de atención social, especialmente escuelas y asociaciones obreras. En 1907, fundó su primera revista de catequesis eucarística: el "Granito de Arena", así como "RIE (Revista Eucarística)" fundada en 1937.
Con 38 años, fue nombrado obispo auxiliar de Málaga (1916), y luego sucedió al obispo residencial en la sede malacitana (1920). Aquí comenzó una importante obra social, como la organización de la Confederación Nacional Católica Agraria, la creación de las escuelas católicas. Para impulsar el culto y el amor a la Eucaristía, fundó varias asociaciones: las Marías de los Sagrarios para las mujeres, los Discípulos de San Juan para los Sagrarios Calvarios, para los hombres, y la rama infantil, los niños reparadores. Las distintas ramas que viven esta espiritualidad forman hoy la UNER: Unión Eucarística Reparadora. Pero su gran obra fue la fundación de la Congregación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en 1921. Fundó también los Misioneros Eucarísticos.
Para muchos, su obra más importante, fue en 1924, la erección del Seminario diocesano, iniciando una importante labor de renovación del clero bajo las directrices del concilio Vaticano I y de Trento. La espiritualidad estaba centrada en los sacramentos del Bautismo y el Orden sacerdotal. Fruto de este seminario, fueron diez mártires durante la Guerra civil española. En 1931, abandonó Málaga, por el asalto que había sufrido el palacio episcopal, y dirigió la diócesis desde Gibraltar y sufriendo por el destino del clero (el 47% del clero fue asesinado). En 1933 fundó la Institución de Misioneras Auxiliares Nazarenas.
En lugar de regresar a Málaga, el papa le nombró obispo de Palencia en 1935. Como párroco y obispo mantuvo un contacto sencillo y permanente con las clases populares, especialmente los niños. Su finalidad fue mantener en el mundo el espíritu eucarístico-reparador, combatiendo por todos los medios posibles el olvido y abandono de la Eucaristía. Murió en Madrid, y pidió ser enterrado junto a un sagrario "para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén diciendo siempre a los que pasan: Ahí está Jesús, ahí está, ¡No lo dejéis abandonado!". Está enterrado en la catedral palentina. San Juan Pablo II lo beatificó el 29 de abril de 2001 en la Plaza de San Pedro.