20 de enero de 2015

Beato ÁNGEL PAOLI. (1642-1720).


(it.: Angelo Paoli).
Enviado de Dios. Mensajero. Menguante

Martirologio Romano: En Roma, beato Angelo Paoli, sacerdote de la Orden de los Carmelitas de la Antigua Observancia.

Se llamaba Francisco, y nació en Argigliano, anejo entonces del municipio de Fivizzano, hoy de Càsola en Lumigina (Massa). En 1660 recibió la tonsura y las dos primeras ordenes menores. Se hizo carmelita en Fivizzano y el noviciado en Siena, donde pronunció los votos en 1661. Estudió Teología en Pisa y Florencia donde fue ordenado sacerdote en 1667.
Cambió de residencia varias veces: Argigliano y en Pistoya, en 1675, vuelve a Florencia como maestro de novicio; párroco en Corniola y en 1677 es trasladado a Siena y luego a Montecatini en 1680, donde se le encarga la enseñanza de la gramática a los religiosos jóvenes; le trasladan a Pisa y luego a Fivizzano como organista y sacristán. En 1687, el general de la Orden lo llama a Roma donde en vivió 32 años en el convento de San Martín ai Monti, primero como maestro de novicios, ecónomo, sacristán, organista, director del conservatorio para muchachas fundado por Livia Vipereschi. 
Durante la primera época de su vida, por doquier había ido dejando a su paso el muy grato recuerdo de un alma sedienta de silencio, de oración, de mortificación, pero sobre todo de un hombre entregado a la caridad espiritual y corporal hacia los enfermos y los pobres, tanto que en Siena le dieron el apelativo de “Padre Caridad”. Y siempre hizo honor a este apelativo dondequiera que se hallara, especialmente en Roma donde cuido de los dos hospitales de S. Juan (el de hombres y el de mujeres) y fundo el hospicio para convalecientes pobres en la avenida entre el Coliseo y la basílica de S. Juan. Su lema fue: “Quien ama a Dios debe buscarlo entre los pobres». Supo también atraer a muchas personas que le imitaron en su atención a los necesitados. Y así se comprobó sobre todo durante las calamidades públicas, tales como los terremotos e inundaciones que se abatieron sobre Roma en los anos 1702 y 1703, en una época en la que el fasto de unos pocos contrastaba con la miseria de la mayoría.
Acertó a dar a los ricos muy buenos consejos y ellos le estimaron y le secundaron y emplearon como mediador en sus propias obras de beneficencia. Enseñó a los pobres a ser agradecidos y a encontrar en su humilde condición motivos de perfeccionamiento moral. Fue consejero de príncipes y de otros “grandes” de la Roma de entonces o de los huéspedes ilustres de la ciudad. Cardenales y altos prelados le tenían en gran estima. Rehusó la púrpura que le ofrecieron Inocencio XII y Clemente XI porque - decía – “habría redundado en perjuicio de los pobres a los que no habría podido atender”.
Tuvo una confianza plena en la Divina Providencia, a la que solía llamar su “despensa”, en la cual nunca falta nada. Esta confianza se vio no pocas veces recompensada con hechos humanamente inexplicables, tales como la multiplicación de cosas sencillas destinadas al alimento de los pobres. Al practicar la caridad, no descuidaba, sin embargo, la justicia: siendo el mismo ejemplo de justa retribución a los obreros, sabía conseguir también que obraran con justicia quienes a veces se olvidaban de ello. Su unión profunda con Dios la buscaba en la oración solitaria. Destaco por su amor a la Cruz. El Señor le dio a conocer algunos sucesos lejanos (como la muerte de Luis XIV y la victoria del Príncipe Eugenio de Saboya; en Petrovaradin) o futuros (como su propia muerte y la de otros). Varias personas le atribuyeron señaladas gracias estando él todavía en vida. Fue sepultado en la iglesia de San Martino ai Monti donde se encuentra actualmente en la nave izquierda. Fue beatificado por SS Benedicto XVI el 25 de abril de 2010.