2 de enero de 2015

Beata MARÍA ANA SOUREAU-BLONDIN. (1809-1890).


(fr.: Marie-Anne Blondin).

Martirologio Romano: En la ciudad de Lachine, en la provincia canadiense de Quebec, beata María Ana (María Stella) Soureau-Blondin, virgen, la cual, aunque analfabeta en su juventud, fundó la Congregación de las Hermanas de Santa Ana, para la educación de los hijos de los campesinos, y dio siempre muestras de un carisma extraordinario.

Se llamaba Maria Ester Sureau-Biondin. Nació en Terrebonne (Quebec, Canadá), en el seno de una familia de campesinos. Esther y su familia fueron víctimas del analfabetismo que reinaba en los ambientes franco-canadienses del siglo XIX. A los 22 años trabajó como sirvienta en el convento de las Hermanas de la Congregación de Nuestra Señora, llegadas hacía poco a su país. Un año después se inscribió como pensionista para aprender a leer y a escribir. Pronto ingresó en el noviciado, pero tuvo que dejarlo a causa de su mala salud.
En 1833, fue nombrada maestra de la escuela del pueblo de Vaudreuil y descubrió que una de las causas del analfabetismo era una regla de la Iglesia que impedía a las mujeres enseñar a los niños y a los hombres enseñar a las mujeres, y como las parroquias no podían financiar dos escuelas parroquiales los parrócos se decantaban por tener una de niños o no tener ninguna. Esther en 1848 propuso a su obispo la idea de fundar una congregación religiosa para la educación de los jóvenes del campo en un ambiente mixto. Era una gran innovación, que el Estado estaba de acuerdo, con lo que el obispo dio su atorización para evitar un mal mayor.
En 1850 fundó en Vaudreuil, la Congregación de las Hermanas de Santa Ana, y ella tomó el nombre de María Ana y fue su primera superiora. Tuvo conflictos con el capellán que les asignaron que se inmiscuyó de tal manera en la vida interna de la comunidad, que sor María Ana, fue obligada a dimitir de su cargo y no aceptarlo nunca más, a pesar de que la regla recogía la reelección. María Ana vio en ello la mano de la Providencia y obedeció. Fue nombrada directora del convento del pueblo de Sainte-Geneviève, pero el despotismo del capellán, padre Louis-Adolphe Maréchal, la denunció calumniosamente, en 1858, de mala administración y consiguió la orden episcopal de que no ocupara jamás cargo alguno, a pesar de que en los Capítulos de 1872 y 1878 le había reelegido superiora. Fue destinada a los trabajos más oscuros: a la lavandería y la plancha y aquí, en el silencio de la sala de plancha y lavado, formó a numerosas novicias en la vida de obediencia, humildad y caridad heróica. Una novicia le preguntó un día por qué siendo la fundadora estaba en aquella situación y ella le contestó: "Cuanto más un árbol se enraíza más profundamente en la tierra, tiene más posibilidad de crecer y de dar fruto". A causa de este mal capellán se le quitó hasta el título de fundadora y de que la llamaran "Madre", y ella supo perdonar a todos y rogó por sus enemigos y por la gloria de su Congregación. Murió en la casa madre de Lachine "feliz de ir al encuentro del buen Dios". Fue beatificada por SS Juan Pablo II el 29 de abril de 2001.