3 de julio de 2015

Beata BÁRBARA JEONG SUN-MAE. (1777 - 1801).

Extranjera, salvaje, bruta

Nació en Yeoju, en la provincia de Gyeonggi, actual Corea del Sur. Aprendió el catecismo en el año 1795, a través de su hermano el beato Bernabé Jeong Gwang-su y de su cuñada la beata Lucía Yun Un-hye. Vivió con gran celo su nueva fe y decidió permanecer célibe, para dedicarse totalmente a Dios. Para no despertar sospechas, decía a la gente: «Estuve casada con el señor Heo, pero ahora soy viuda».
Años después, Bárbara se trasladó a Seúl: ayudó a su cuñada y a su hermano a difundir libros y objetos religiosos entre los creyentes y formó parte de la comunidad de vírgenes presidida por la beata Ágata Yun Jeom-hye. Su casa fue usada como iglesia. En el año 1800 recibió el bautismo de manos del primer sacerdote misionero en Corea, de origen chino, padre Santiago Zhou Wen-mo: desde entonces, su fervor aumentó aún mucho más.
Arrestada durante la persecución Shinyu de 1801, demostró un gran coraje en afrontar los interrogatorios y las torturas. No reveló los nombres de los otros creyentes, pero profesó abiertamente su fe: «No puedo renunciar a mi religión aunque debiese morir». A aquel punto, el jefe de los oficiales de policía ordenó intensificar los castigos hacia ella, pero sin resultado.
Bárbara fue condenada a muerte con otros cristianos. Antes de escuchar la condena, declaró: «Ser castigada en el cuartel general de la policía y ser interrogada intensamente en el Ministerio de Justicia es muy doloroso. No puedo cambiar de idea, porque amo muchísimo la religión católica».
El juez ordenó que la sentencia fuese ejecutada en su pueblo natal, para poner a los habitantes de Yeoju en contra la religión católica. De este modo, fue decapitada el 3 o el 4 de julio de 1801. Tenía 24 años. Fue beatificada por el Papa Francisco en su visita a Seúl el 16 de agosto de 2014.