24 de marzo de 2015

Beata MARÍA KARLOWSKA. (1865-1935).


Excelsa. Amada de Dios. Hermosa, espejo. Amargura.

Martirologio Romano: En el lugar de Pniewite, junto a Gdansk, en Polonia, beata María Karlowska, virgen, que instituyó la Congregación de Hermanas del Divino Pastor de la Providencia Divina, cuya finalidad era que recuperasen la dignidad de hijas de Dios las jóvenes y mujeres pobres caídas en la corrupción de costumbres.

Nació en Karlowo, Polonia, en el seno de una familia piadosa. Desde pequeña mostró gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús. A los 17 años quedó huérfana de ambos padres, y fue a Berlín a realizar un curso de costura, para empeñarse luego en el negocio de costura de una de sus hermanas.
Aunque no tenía aun resuelto ingresar como religiosa, a esa edad comienza a servir a los enfermos y pobres, y hace un primer voto informal de castidad. Es diez años más tarde, a los 27 años, cuando tiene un encuentro decisivo para su vida: conoce a una prostituta, y con ello se enfrenta a la degradación de estas jóvenes que caían en ello por la pobreza y la falta de medios y oportunidades. Decidió trabajar para la rehabilitación y cuidado de las mujeres prostitutas sobre todo a las afectadas por enfermedades venéreas. 
 Fundadora de la Congregación de Hermanas del Divino Pastor de la Providencia Divina, para que las niñas y las mujeres destruídas por la inmoralidad recuperaran su dignidad. Estableció para ella y para sus religiosas la siguiente finalidad: “Debemos anunciar el Corazón de Jesús, es decir, vivir de él y en él y para él, de modo que lleguemos a ser semejantes a él y que él sea más visible en nuestra vida que nosotras mismas”. 
Su entrega al Sagrado Corazón del Salvador dio como fruto un gran amor a los hombres. Sentía una insaciable hambre de amor. Según la beata María Karlowska, un amor de este tipo nunca dirá basta, nunca se detendrá en el camino. Era precisamente esto lo que le sucedía, porque estaba impulsada por la corriente del amor divino. Gracias a ese amor, devolvió a muchas almas la luz de Cristo y les ayudó a recuperar la dignidad perdida. Se calcula que fueron unas cinco mil mujeres las que fueron a lo largo del tiempo acogidas por Madre María Karlowska, y recibieron en la casa no sólo acogida, sino un oficio, y ayuda para formar una familia. Muchas llegaron luego a ser madres, otras permanecieron como religiosas de la misma congregación. Murió llena de méritos en Pniewita, Polonia, pero su obra continuó y continúa trabajando. Fue beatificada el 6 de junio de 1997 por el papa Juan Pablo II.