14 de enero de 2015

San ENGELMARO. M. 1100.


(Engelmarus. al.: Engelmar).

Nació en Baviera  en el seno de una pobre familia de campesinos. Inclinado a la piedad y a la vida solitaria, parece que tuvo como maestro espiritual a un pío ermitaño armenio, de nombre Gregorio, que había sido obispo pero deseoso de soledad y mayor perfección, se había retirado en los bosques bávaros para prepararse para la muerte. Muerto Gregorio en 1093, Engelmaro se quedó solo en el eremo, en los contornos del pequeño pueblo de Windberg en Passau; llevó una vida de trabajo, austeridad y oración. Los habitantes de la región lo visitaban para pedirle consejo y consuelo. 
Pronto tuvo el aprecio y el cariño de todos, pero la gran veneración de la que fue objeto y su misma virtud suscitaron la envidia de uno que desde hacía algún tiempo se había asociado a él, haciendo creer que quería vivir bajo su dirección su dura existencia y en una noche lo asesinó bárbaramente, escodiendo su cuerpo bajo la nieve y abandonó el lugar. Según otra tradición fue asesinado por un visitante que esperaba encontrar un tesoro, pero no encontró nada porque el buen ermitaño distribuía a los pobres todas las ofrendas que recibía. 
Su cuerpo fue descubierto unos meses después cuando la nieve se derritió y sus restos fueron encontrados por un sacerdote que lo sepultó. La leyenda cuenta que del cadaver del ermitaño se irradió un rayo de luz. En el 1331 los premostratenses de Windberg trasladaron sus restos a su iglesia donde se encuentran ahora.