1 de noviembre de 2014

San HARALD I “Blaatand”. (c.910 - 985).


También conocido como Harald Dienteazul, nacido en Dinamarca. Tras la muerte de su padre, Gorm III, en el 940, le sucedió en el trono del reino de Jelling, el más importante de los territorios daneses en la península de Jutlandia. Luchó, en alianza con el duque Ricardo de Normandía, contra los monarcas franceses Lotario III, y Luis de Ultramar, lo que le condujo a ampliar su dominio del Mar del Norte hasta controlar gran parte del vecino reino de Noruega. Sin embargo, sus continuas ausencias fueron aprovechadas por Otón II, para arrebatarle la parte sur del reino de Jelling a favor del Sacro Imperio. 
Se convirtió al cristianismo en el año 960, e intentó que todos sus súbditos abandonasen las costumbres religiosas paganas para aceptar la nueva religión. Aunque la mayoría siguió su camino, parte de la aristocracia militar, recelosa de esta idea, se alzó en rebelión contra el monarca, y logró deponerle para instalar en el trono a su hijo, Sven I. 
La última ofensiva de Harald, en el año 983, consiguió rendir a los rebeldes y recuperar el territorio del sur perdido ante Otón. Un nuevo levantamiento de su hijo Sven, en el año 985, acabó con la vida de Harald, tras lo cual Sven fue coronado rey e intentó erradicar el cristianismo y propugnar la vuelta al paganismo danés. 
Baronio le atribuyó el titúlo de santo, aunque todavía no se había certificado la antigüedad de su culto. Giovanni Adolfo Cupreo en los  “Annales Episcoporum Sleviciensium” afirma que los antiguos daneses lo conmemoraban con rey santo el 1 de noviembre, aniversario de su muerte, y que sobre su tumba se habían realizado numerosos milagros. Los Bolandistas, aunque lo conmemoran el 1 de noviembre, se abstienen de darle el título santo o mártir.
Hay un hecho innegable que el cristianismo en Dinamarca triunfó bajo su reinado, y que se prodigó en la edificación de iglesias e incrementó la evangelización en el norte de Europa. El mísmo fue consciente que tenía que evangelizar a su pueblo como hizo en la famosa estela de Jelling, una de las muestras más preciadas de escritura rúnica, que ordenó su inscripción en homenaje a sus antepasados.