12 de agosto de 2015

Beatos SEBASTIÁN CALVO MARTÍNEZ y 5 compañeros. M. 1936.


Martirologio Romano: En Barbastro en la provincia de Huesca en Aragón (España), beatos Sebastián Calvo Martínez, sacerdote y cinco compañeros, mártires, que, religiosos de la Congregación de los Misioneros del Corazón Inmaculado de María, en la misma persecución llevaron hasta el final el glorioso combate.

Eran estos religiosos: P. Sebastián Calvo Martínez, Wenceslao María Claris Vilaregut, subdiácono, P. Pedro Cunill Padrós, Hno. Gregorio Chirivás Lacambra, P. José Pavón Bueno, P. Nicasio Sierra Ucar.
Sebastián Calvo nació en Gumiel de Izán (Burgos) en 1903. En 1915 ingresó en el postulantado claretiano de Barbastro. Se destacó por su gran inteligencia, seriedad y sencillez. En 1928 fue ordenado sacerdote en Cervera. Desde 1934 era predicador en Barbastro. 
Una congestión pulmonar peligrosa le obligó a perder un curso y a ganar a la vez el martirio. Había dicho: “Hoy día es una honra ir a la cárcel por la religión”. 

Pedro Cunill nació en Vich (Barcelona), en el seno de una familia de comerciantes de embutidos en 1903. Desde muy niño afloró en el la vocación sacerdotal y religiosa. En 1922 hizo, después de muchas contrariedades, su primera profesión como claretiano. Fue ordenado sacerdote en 1927 en Vich. En 1932 pasó a Barbastro para hacerse cargo de la administración del seminario diocesano, encomendado a los claretianos. 
Fue testigo, en 1933 del asalto al seminario, del que logro salir ileso, después de consumir la Eucaristía, para que no fuera profanada. Después del martirio de los dos superiores, fue nombrado superior. Logró salvar a varios religiosos enfermos o achacosos.

José Pavón nació en Cartagena (Murcia) en 1909. En 1927 profesó como claretiano en Cervera. En 1934 fue ordenado sacerdote en Valencia. Sus títulos de maestro y de perito mercantil y su carácter jovial, bondadoso, su cultura lo hicieron apto para los colegios externos. Fue destinado a Játiva y tuvo que salir de alli, cuando los revolucionarios les obligaron a cerrar la casa y la iglesia. Había manifestado su deseo de marchar a China, pero en 1936 fue destinado a Calatayud. Llegó a Barbastro, para impartir un cursillo de verano a los seminaristas. 
Animó a sus hermanos de prision con chistes e historietas, que esponjaban el dramatismo de aquel trance en las horas de recreo. 

Nicasio Sierra nació en Cascante (Navarra) en 1890. En 1907 profesó, en Cervera, como claretiano. Fue ordenado sacerdote, en Zaragoza, en 1915. Quería ser predicador. Pero lo dejaron en Aranda como profesor durante tres años. En 1919 estaba en Calatayud. Y pudo entregarse al ministerio de la Palabra; nueve años en Calatayud, seis en Cartagena y dos en Barbastro. Era amigo de la celda y de los libros. 
Al salir del convento tras el arresto de los religiosos, él fue quien llevó consigo la eucaristía en un maletín, por lo que el grupo pudo comulgar clandestinamente. Murió con gran ánimo. 

Wenceslao María Claris nació en Olost de Lluçanés (Barcelona), en el seno de una familia de labradores acomodados en 1907. Ingresó en el seminario diocesano de Vich en 1922. Se destacó por su inteligencia y capacidad de estudio; sufría de tartamudez, y fue el objeto de las bromas de sus compañeros, pero él con su simpatía consiguió ganárselos. En 1927 profesó como claretiano. Comenzó los estudios de teología y se ordenó de subdiácono, pero como enfermó, él mismo solicitó quedar como hermano coadjutor. Estuvo destinado en Barcelona y Alagón. Era subdiácono cuando fue trasladado a Barbastro como profesor. Los que le trataron afirman que no dejaba traslucir las amarguras interiores por las que tuvo que pasar.   

Gregorio Chirivás nació en Siétamo (Huesca), en el seno de una familia de peones camineros en 1880. En 1892, solicitó el ingreso en el postulantado claretiano de Barbastro. En 1897 profesó como Hermano coadjutor en Cervera. Ejercía el oficio de sastre y sacristán en Cervera, Alagón y Lérida, y aquí también sacristán. Pasó luego a Barbastro. Era laborioso, caritativo, ferviente, de carácter sencillo, alegre y bromista. 

Estuvieron encarcelados en el salón de los escolapios. Durante los primeros días de cautiverio pudieron recibir la comunión clandestinamente, la Eucaristía, la oración y el rezo del Oficio de los mártires fue el origen de su fortaleza. Se les sometió a varios simulacros de fusilamiento, y se les tentó introduciéndoles prostitutas; ninguno de ellos claudicó. En pequeños papeles de chocolate escribieron: “morimos todos contentos por Cristo y su Iglesia por la fe de España”. Se les fusiló por grupos: estos fueron los mayores:  Les ataron las manos a la espalda, y de dos en dos los amarraron codo con codo. El beato P. Secundino María Ortega, desde el escenario, les dio la absolución. Antes de disparar, los milicianos les ofrecieron por última vez la posibilidad de apostatar, pero no quisieron. Fueron beatificados en Roma por el papa Juan Pablo II el 25 de octubre de 1992 en el grupo de 51 misioneros claretianos mártires de Barbastro.