6 de agosto de 2015

Beato MATEO DE BASCIO. (c.1495-1552).


Nació en Bascio en la diócesis de Montefeltro en el Ducado de Urbino, en el seno de una familia de campesinos. Cuando tenía 17 años de edad entró en la Orden de los Observantes franciscanos de Montefiorentino. En 1525 era sacerdote y misionero siendo también miembro de la Provincia Reformada de Ancona. 
Motivado por la necesidad que sentía por reformarse, la cual era común en toda la familia franciscana, resolvió en 1525 en el año del jubileo, principiar con una vida más austera escogiendo para el efecto un estilo más parecido al de san Francisco. El Papa Clemente VII le aprobó su requerimiento y por medio del mismo le permitió vestir un largo sayal de tejido áspero (como el de san Francisco, pero con una capucha más larga y puntiaguda), de observar rígidamente la regla en absoluta pobreza, de hacer vida eremítica y predicar libremente en cualquier lugar y tener seguidores. Algunos de los miembros de la observancia pidieron el permiso para unirse a Mateo, y el 3 de Julio de 1528 el Papa decretó la Bula “Religionis zelus”, por medio de la cual la nueva reforma era aprobada y colocada en la jurisdicción nominal de los Conventuales. El nombre “Capuchino” fue dado por la gente a los nuevos monjes franciscanos y luego adoptado oficialmente, en los decretos pontificales los seguidores de Bascio utilizaron varios estilos en la expresión “Capucini”, “Capuciati” “Capulati” y “Hermanos de la Observancia Capucinorum”. Sufrieron muchas persecuciones por parte de sus hermanos franciscanos que los consideraban heréticos, sufrieron cárcel y otras persecuciones.
En abril de 1529 la Orden tuvo su primera seccional en Albacina donde Mateo de Bacci fue electo por aclamación vicario general. Se elaboró un código a manera de constitución que servia de base a la reforma. Sin embargo, el humilde fundador no mantuvo su cargo por mucho tiempo. Después de visitar unos poblados deseo volver a tener su carrera apostólica y quizá también influido por el hecho de sentirse sin mayor poder contra las dificultades que se generaban por parte de problemas con los discípulos, renunció a su puesto, ya que aquella reforma no era la que él había querido y dentro de la nueva rama franciscana, algunos de sus cohermanos querían que abandonara su puesto. 
Desde entonces no tomó parte en el gobierno de la Orden y se retiró de ella ya que la deriva que estaba tomando (algunos de sus miembros más relevantes caerían en la herejía) no era la correcta. Aproximadamente en el año 1537 decidió retornar a la obediencia de los Observantes aún con el temor de incurrir en alguna censura eclesiástica, aunque este hecho no está probado. En diferentes oportunidades y diferentes épocas habrían obtenido bulas y decretos contra la nueva reforma. Bascio predicó en todo el país de Italia y parte de Alemania.
Murió en Venecia en medio de sus labores, en la casa del párroco de la iglesia de San Moisés, y en un primer momento fue enterrado en una fosa común. Luego fue enterrado en la Iglesia de San Francesco della Vigna de los Observantes de esa ciudad en presencia de una vasta concurrencia que había llegado al lugar atraída por su reputación como un santo. El siguiente texto de Arthur du Monstier se puede leer el Martirologio Franciscano y dice: “allí murió en Venecia el Santo Mateo, confesor, fundador de la congregación de los capuchinos. Sus continuos ayunos, vigilias y oraciones, su gran pobreza y ardiente celo por las almas, le confirieron una santidad extraordinaria y el don de los milagros hace que su memoria sea gloriosa”.
En 1552 los franciscanos del lugar empezaron un proceso sobre los presuntos milagros sucedidos entorno a su sepulcro. Pero la oposición del Nuncio pontificio Ludovico Beccadelli y de los ambientes inquisoriales romanos, secretamente tenidos al corriente del informador laico Girolamo Muzio, perjudicó el éxito de la operación de la canonización, y la reforma capuchina se queda sin un santo reformador.