9 de agosto de 2015

Beato JUAN DE SALERNO. (1190-1242).


Martirologio Romano: En Florencia, en la Toscana, beato Juan de Salerno, presbítero de la Orden de Predicadores, que fundó el convento de Santa María Novella y actuó intrépidamente contra los herejes patarinos.

Juan Guarna nació en Salerno en el seno de una noble familia normanda. En 1219 siendo ya presbítero y conseguido el doctorado en Bolonia, arrastrado por la predicación de san Reginaldo, ingresó en la Orden Dominicana; conoció a santo Domingo, con quien contrajo estrecha amistad. En el mismo año, santo Domingo de Guzmán, lo mandó al frente de once compañeros a la fundación de Florencia, estableciendo en 1221 la nueva comunidad de Santa María Novella. 
Fray Juan sufrió ahí una ruda prueba. En efecto, una joven, prendada de él, se fingió enferma y le mandó llamar para confesarse. El beato acudió al punto, y la joven aprovechó la ocasión para tentarle. Juan de Salerno la reprendió seriamente y trató de hacerla entrar en razón; pero, como eso no sirvió de nada, tuvo que salir apresuradamente. Sin embargo, no olvidó a la joven en sus oraciones y al fin, obtuvo que ésta se arrepintiese delante de Dios y viniese a pedirle perdón humildemente. Según se cuenta, toda la ciudad se enteró de lo sucedido en la forma siguiente: Cuando un sacerdote iba a exorcizar a una posesa, el mal espíritu dijo por boca de la mujer: «Sólo es capaz de arrojarme de aquí quien pudo pasar por el fuego sin quemarse». El sacerdote le conjuró a que se explicara y, entonces, el mal espíritu contó lo que había sucedido a Juan de Salerno. El sacerdote llamó en seguida al fraile, quien arrojó al demonio de la posesa. Como poseía el don de leer en las almas, podía iluminar o humillar a sus penitentes para su mayor bien.
En 1221, se prohibió a los dominicos que fuesen a cantar el oficio divino en la Iglesia en que lo habían hecho hasta entonces. El beato se trasladó después a Santa María Novella, cuya famosa iglesia data de cincuenta años más tarde. Los patarinos -una secta que procedía de Bosnia- turbaban por entonces la paz religiosa de Italia. Gregorio IX encargó a Juan de Salerno que combatiese a dichos herejes, cuya vida y doctrina se asemejaba no poco a la de los albigenses, con los cuales se había enfrentado santo Domingo. Los patarinos profirieron amenazas contra el beato, pero éste no se amilanó y consiguió finalmente convertir a muchos de ellos. Después de una vida entregada a la predicación de la fe frente a los herejes, (fue llamado “martillo de los herejes”), murió en Florencia y se veneran sus restos en la iglesia de Santa María Novella. Su culto fue aprobado en 1783.