8 de julio de 2015

Beato JULIO. M. 1601.


Desde hace siglos se le conoce simplemente como “Beato Julio”.
Nació en Nardò (Lecce, Italia) en el seno de una noble familia. Fue educado en letras, ciencias y particularmente en música a la que era muy inclinado. En su juventud, iluminado por el Espíritu Santo, distribuyó sus bienes a los pobres, dejó la casa paterna y su ciudad y vestido con el sayal de peregrino, se marchó hacia la Campania, para encontrar el lugar idóneo para vivir su deseo de soledad. Después de un cierto tiempo encontró un pequeño valle en el macizo de Partenio en Irpinia y junto con otro eremita de nombre Juan, empezaron a vivir una vida de mortificación dedicados a la oración.
Su presencia y santidad de vida, atrajo a muchas personas, entre ellas los nobles Carafa, feudatarios del lugar, que admirados, construyeron para los dos eremitas un eremo y una iglesia dedicada a la Virgen Incoronada. El eremo y el santuario, el papa Gregorio XIII se confío a los benedictinos camaldulenses. Pero como Julio había llegado a ser demasiado conocido  y se pensaba en la posibilidad que fuera nombrado superior de la comunidad, él para regresar a la soledad, dejó el eremo y marchó a la abadía de Montevergine, no muy lejana, y fue acogido con alegría por los monjes.
Aquí vivió a la sombra de la Virgen, como un monje más, dedicándose con celo al decoro del Santuario, a actuar como organista durante 24 años. Por humildad no quiso ser ordenado sacerdote, y antes de morir, pidió a sus superiores, ser sepultado bajo el pavimento de la capilla de la Virgen, para así ser pisado por los peregrinos, como el más grande de los pecadores. Su deseo fue escuchado. Su cuerpo permanece incorrupto y tiene culto popular.