28 de febrero de 2015

Santas MARANA y CIRA. M.c.440.

Cira: Pastor

Martirologio Romano: Conmemoración de las santas Marana y Cira, vírgenes, que en Berea, en Siria, viviendo en un lugar estrecho y cerrado sin techo, recibían el alimento necesario por una ventana y guardaban siempre silencio.

santa Marana
Todo lo que sabemos de las santas proviene de la «Historia Religiosa» de Teodoreto de Ciro, quien las conoció personalmente. En esa obra, el obispo e historiador eclesiástico nos traslada ejemplos de lo que fue un vastísimo movimiento ascético monástico en Siria, del que nuestras dos santas formaron parte. Según el autor, aunque eran de cuna acomodada, y habían recibido una formación acorde a su condición, es decir, a pesar de que habían sido preparadas para vivir en el mundo, las dos decidieron dejarlo todo para unirse a la vida penitencial que llevaban algunos hombres y mujeres de la región. 
santa Cira
Abrazaron la vida eremítica en Berea, Alepo, Siria, se dice que observaban un total silencio durante todo el año excepto en el Domingo de Pentecostés. Así resume el historiador Teodoreto su vida: se encerraron en un pequeño local de la ciudad haciéndose tapiar la puerta. Como desearan algunas de sus domésticas imitarles en este género de vida, hicieron construir para ellas una pequeña casa junto al eremitorio; observaban su vida por una pequeña ventana y les animaban a hacer frecuente oración y les inflamaban en el amor de Dios. Por una ventana recibían cuanto necesitaban, y hablaban con las mujeres que iban a visitarlas sólo durante el tiempo de la cincuentena pascual; transcurrían el resto del año en continuo silencio; esto se refiere a Marana, porque Cira no pronunciaba palabra. Teodoreto alaba la bravura de estas mujeres en el combate espiritual señalando que su fortaleza sobrepujaba a la de los varones, reputados normalmente como más fuertes. Vestían tan solo una túnica, y dedicaban su día a la oración.
De todos esos años, algunos los pasaron cargadas de cadenas, tanto que Cyra, de complexión más débil, no podía mantenerse erguida. Cuando Teodoreto escribía esto habían pasado ya 41 años de voluntaria reclusión. Una sola vez salieron de su estrecha celda: fue para realizar una peregrinación a los santos lugares, y visitar la iglesia de Santa Tecla. Una vez que lo hubieron hecho, inflamadas de caridad, volvieron a su encierro. Murieron hacia el año 440, y se le atribuyen multitud de milagros.