12 de febrero de 2015

San GOSLINO. M. 1053.

(Coslino, Goscelino, Gozzelino)

Pertenecía a la noble familia turinesa de los Avari; fue educado e instruido en las letras y en las ciencias humanas. Pronto le surgió la vocación religiosa e ingresó entre los benedictinos. Su maestro fue el primer abad del monasterio de San Solutore en Turín, Romano; tuvo como compañero a Atanasio. Tuvo un gran respeto y obediencia por la Regla, no se concedió ninguna escusa, ni siquiera cuando estaba enfermo. Fue un hombre humildísimo, y nunca se sintió superior a sus cohermanos aunque fuera superior en instrucción y doctrina. El ayuno y las penitencias fueron sus armas para combatir las pasiones, mientras que su alimento para el alma era la lectura de libros espirituales. Fue verdadero modelo de perfección para los que le rodeaban y para todos los que frecuentaban el monasterio: su santidad fue conocida por todos.
Fue elegido segundo abad benedictino de San Solutore (Turín) (1031-1053). En su nombramiento estuvieron todos los hermanos de acuerdo y él aceptó para cumplir la voluntad de Dios. Confió el cuidado de las cosas materiales a sus colaboradores mientras él se ocupó solamente de las cosas espirituales. La observancia de la Regla por parte de todos los monjes garantizaba el camino de la comunidad hacia la perfección evangélica y Goslino, el primero, era el modelo. Estuvo atento a los pobres, ya fueran los de los alrededores como los peregrinos, aunque ello supusiera el empobrecimiento de las rentas del monasterio. Socorrió al prójimo en las necesidades materiales y con ello en las necesidades del espíritu. En el monasterio nunca faltó lo necesario. El obispo Cuniberto le hizo nuevas donaciones (1048). Lleno de fatigas y sobre todo de méritos murió entre la veneración y el aprecio del pueblo y del clero.