12 de febrero de 2015

San ANTONIO "Cauleas". (c.826 - 901).

Floreciente. El defensor, el enemigo de los burros


Martirologio Romano: En Constantinopla (Estambul, hoy en Turquía), san Antonio, apellidado “Cauleas”, obispo, que en tiempo del emperador León VI trabajó denodadamente para asegurar la paz y la unidad en la Iglesia.

Natural de una localidad cercana a Constantinopla, donde sus padres se retiraron por temor a la persecución iconoclasta. Cuando murió su madre, Antonio, con apenas 12 años, ingresó en un monasterio de la capital bizantina, del cual fue elegido abad (hegúmeno), con el nombre de "Antonio el Cauleas". Su padre ingresó en este monasterio más tarde y recibió el hábito religioso de manos de su hijo. La Iglesia oriental vivía en un estado de gran confusión, después que el emperador había expulsado al legítimo patriarca constantinopolitano san Ignacio y en el 867 había impuesto en la sede al célebre Focio.
También éste fue obligado a dejar la cátedra patriarcal en el 886, probablemente obligado por el nuevo emperador León VI que quería esta sede para su hermano menor Esteban. Focio no opuso resistencia y se retiró a un monasterio, mientras los partidarios de san Ignacio no quisieron reconocer la legitimidad de Esteban, porque había sido ordenado diácono por el mismo Focio.
En este contexto, después de la muerte de Esteban en el 893, Antonio fue elegido patriarca de Constantinopla. De acuerdo con el papa Juan IX y el emperador León VI trabajó para eliminar el cisma que su predecesor había provocado y lograr la unidad entre los partidarios de Focio e Ignacio de Constantinopla. Persuadió al metropolita Stiliano Mapas, jefe de los ignacianos, para que pusiera fin al cisma. Su autoridad venía porque había recibido la ordenación en una época no sospechosa y por tanto era indiscutible la validez de su ministerio. 
No está históricamente que haya intervenido en esta disputa el Papa, pero se sabe que sancionó la solución que presentó Antonio. El dato es que entre las dos Iglesias, sea la de Roma como la de Constantinopla, reconocieron "Ignacio, Focio, Esteban y Antonio" como auténtica y válida sucesión de los patriarcas de la sede bizantina. La paz se estipuló oficialmente en el 899 y Antonio murió poco tiempo después. Antonio fue reconocido por su mortificación, espíritu de oración y de penitencia. Fundó un gran monasterio en el que quiso ser enterrado. Celebran su memoria tanto la iglesia griega como la latina como luchador por la unidad de la Iglesia.