17 de diciembre de 2014

San JUDICAEL. (c.590 - c.658).


Martirologio Romano: En la Bretaña, san Judicael, que procuró en gran manera la concordia entre los bretones y los francos, y abdicando de su realeza, se dice que vivió en el monasterio de Saint-Méen.

Nació en la actual Bretaña francesa en el seno de la familia real bretona. Hasta los tres años de edad fue educado en casa de su abuelo Ausoquio, y después pasó a la Corte del rey de Bretaña Judhaël, su padre, y cuando murió tendría que haberle sucedido por ser el primogénito. Su hermano Salomón II, en una lucha entablada entre los dos le arrebató el trono hacia el 605. 
Entonces decidió renunciar al mundo y vestir el hábito de penitente, cuando tenía solamente 20 años, ingresando en el monasterio de Saint-Jean de Gaël gobernado por el abad san Mevenno. Toda Bretaña, afligida por el retiro de su príncipe, sobre el cual habían depositado grandes esperanzas, admiró esta decisión, tomada con meditada reflexión, que resaltó aún más sus cualidades personales. 
Son numerosas las leyendas que narran sucesos maravillosos que le ocurrieron. Fue un gran asceta, que habría alcanzado grados inimaginables si la sabia discreción de san Mevenno no le hubiese moderado. Otros hechos relativos a su permanencia en el monasterio no son más que relatos fantásticos y legendarios. No pasó mucho tiempo desde su ingreso en el monasterio cuando recibió la tonsura y el hábito monástico, signos de su ingreso oficial en la vida religiosa. 
Un día Mevenno murió y Judicael entonces decidió dejar el claustro, ya que también había muerto su hermano Salomón II, hacía el año 630, y asumió la corona de Bretaña. Edificó a toda la familia real y a toda la Corte con su ejemplo y virtud. Se casó con Meronoë (o Merovoë), mujer proveniente de la misma familia y del mismo país que su madre la reina. También ella fue virtuosa como su marido, llena de fe y de piedad, y todo esto contribuyó a mantener entre los dos una paz y una concordia admirable. Gobernó el reino con autoridad y sabiduría, apuntando sobre todo al respeto por la ley de Jesucristo. Sus cualidades diplomáticas le permitieron concluir una pacífica alianza con el rey franco Dagoberto. Realizado esto, abdicó para regresar nuevamente a la vida monástica. 
Hacia el 640 se retiró al monasterio de Gaël, según otros historiadores fue al de Paimpont por el fundado. Murió en la paz del Señor.