22 de diciembre de 2014

Beato TOMÁS HOLLAND. (1600-1642).



Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, beato Tomás Holland, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, el cual, realizando su ministerio clandestinamente, en tiempo del rey Carlos I fue condenado a la pena capital y ahorcado, entregando así su espíritu.

Nacido en Sutton (Lancaster), después de estudiar en el Colegio de San Omer, se unió a la Compañía de Jesús e hizo su noviciado en Warren, Bélgica, y los estudios teológicos en Lieja, donde, ordenado sacerdote, fue enviado de inmediato como director espiritual del Colegio de San Omer. Su piedad y su cultura ascética le habían ganado el título de «Biblioteca de Piedad». 
Por su debilísima salud fue enviado por sus superiores a Inglaterra, a donde llegó en 1635. No resultó ninguna mejoría, y de hecho los síntomas empeoraron, sea por la persistente pérdida de apetito, o porque debía ejercer su ministerio especialmente por la noche. Sin embargo, logra resistir aun por siete años, ejerciendo un apostolado continuo en medio de vicisitudes de todo tipo. Dedicaba todo su tiempo libre a la oración y esto explica por qué los que se le acercaban experimentaban inmediatamente como una atmósfera sobrenatural.
Sospechoso de ser sacerdote católico, aunque sin pruebas, fue trasladado a la prisión de Newgate el 14 de octubre 1642. Fue muy hábil en la defensa durante el juicio y no pudo encontrarse pruebas en su contra, pero fue igualmente condenado a muerte el 20 de diciembre. A la sentencia respondió con un alegre «¡Deo Gratias!», y cuando llegó a la cárcel quiso cantar el Te Deum. Durante dos días se congregaron en la prisión visitantes, a los que hablaba palabras llenas de fe y de elevación espiritual. No deseaba que el embajador de Francia intercediera para conseguir “la gracia de la liberación”, como lo dice en una carta que escribió a sus superiores.
En la mañana del 22 de diciembre pudo celebrar la misa en la cárcel y luego fue llevado a la horca de Tyburn. Aquí manifestó públicamente su condición de sacerdote y de jesuita, hizo actos de fe y de contrición, ofreció a Dios su vida, perdonó a todos, dio al verdugo el poco dinero que tenía, recibió la absolución de un hermano sacerdote oculto en el multitud y fue ahorcado mientras juntaba las manos. Tenía 48 años, diecinueve de los cuales los vivió en la Compañía de Jesús. Fue beatificado por el Papa Pío XI en 1929.