9 de diciembre de 2014

OTROS SANTOS DEL DÍA:


Santa Ana. s. X a. C.  (Antiguo Testamento). (Iglesia ortodoxa griega).
Era una de las dos esposas de Elkana el Zufita. Siendo esteril, fue en peregrinación al templo de Silo, un valle entre Siquém y Ramá, la localidad donde habitaba, imploró al Señor que la hiciera madre, haciendo el voto de ofrecerle su criatura  “para todos los días de su vida” (I Sam 1, 12). Obtenida la gracia, impuso a su hijo un nombre que hacía comprender una verdadera consagración: Samuel, que en hebreo quiere decir “el nombre (de Dios) es El” (Shem-EI) pero ligado también al hecho que la madre lo ha insistentemente solicitado, este sería el significado porque en hebreo “shal’al”es como decir “solicitar”, lógicamente en este caso al Señor, (I Sam, 1-20). 
El nacimiento de Samuel (Sam 2, 1-10) inspira a Ana un cántico de acción de gracias que algunos consideran el prototipo del “Magnificat”. Ana agradecida al Señor y fiel a su voto, regresó a Silo y entregó a su hijo al sacerdote Elí. Es festejada por los ortodoxos griegos.

San Siro de Pavía. M. 112. 
Martirologio Romano: En Pavía, san Siro, primer obispo de la ciudad
Obispo de Pavía. Le sucedió san Pompeyo. Su vida es una leyenda, y se dice que fue enviado por el propio san Pedro a evangelizar el valle del Po, y que había sido discípulo de san Hermágoras de Aquileya. Así llegó a Pavía donde fue el primer obispo. Patrón de Pavía.

Santa Valeria de Limoges. s. III. 
Según la leyenda, Marcial, obispo de Limoges, convirtió y bautizó a Valeria y a su madre, Susana. Susana murió poco tiempo después, dejando a Marcial una gran fortuna. Valeria, ya cristiana, legó a los pobres la parte de su herencia y consagro a Dios su virginidad.
Esteban, su prometido, regresó de la guerra, y Valeria, continúa la tradición, le rogó que olvidase sus amores, confesándole cómo se había prometido a otro y más poderoso Señor. Pero el celoso enamorado, no le dejó terminar las explicaciones: sacó la espada, y la cortó la cabeza.
Y entonces, mientras su alma volaba al cielo, el cuerpo de Valeria se levantó, recogió su cabeza, se encaminó a deponerlo a los pies de Marcial. El novio que vio esto, se arrodilló llorando a los pies del obispo, pidiéndole perdón, cumplió una amarga penitencia, y finalmente recibió el bautismo. 
Hasta aquí la leyenda. Sabemos que existen los restos de una mártir en Limoges venerada antes del año Mil.

Santa Gorgonia. M. c. 370. 
Martirologio Romano: En Nazianzo, de Capadocia, santa Gorgonia, madre de familia, que fue hija de santa Nonna y hermana de san Gregorio el Teólogo y de san Cesáreo. Fue el mismo Gregorio quien escribió sus virtudes.
Natural de Nacianzo en Capadocia, Turquía. Hija de santos Gregorio Nacianceno "el Viejo" y de Nonna. Parece ser que deseó con grandes ansias el bautismo, aunque se bautizó muy tarde. Estuvo casada con Alipio, al que convirtió, y tuvo tres hijos a los que educó cristianamente. San Gregorio Nacianceno, su hermano, puso de relieve su generosidad y su entrega al servicio de los pobres. Su hermano san Cesáreo de Capadocia escribió su vida. 

San Víctor de Piacenza. (c.300 - c.375). 
Primer obispo de Piacenza (322-c.375). El emperador Constantino le concedió ayuda económica para que construyera en el extramuros de la ciudad la iglesia dedicada a san Antonino Mártir. Asistió al Concilio de Nicea del 325, al Sínodo de Roma del 324, al de Milán del 355 y también al concilio de Roma del 372, en el que los obispos de Occidente enviaron una carta a los obispos orientales, que llevó san Savino, que más tarde sería el sucesor de Víctor como obispo de Piacenza.
Luchó contra los arrianos que pululaban en las cercanías de Milán, protegidos por el obispo Assenzio; fue a Milán en el 374, con motivo de la consagración episcopal de san Ambrosio. El mismo san Ambrosio, después de la muerte de Víctor, elogió su labor apostólica destacando la derrota del paganismo y el entusiamo que despertó en muchas niñas de Piacenza que optaron ir a Milán para llevar una vida de consagración virginal. Murió en Piacenza.

San Cipriano de Geneouillac. M. 586. 
Martirologio Romano: En el monasterio de Geneouillac, cerca de Perigueux, en la Galia, san Cipriano, abad, preclaro por el cuidado de los enfermos.
Natural de Alvernia. Junto con santos Amando y Soro, dejaron su hogar y se pusieron bajo la dirección de Savalón, abad del monasterio de Geneouillac, cerca de Périgueux, de donde Cipriano fue abad. Después de tres años se retiraron a un lugar apartado, conocido como Ad petras levatas (Peyrelevade), pero después se separaron para vivir en soledad. Cipriano se retiró a Dordoña donde vivió como ermitaño hasta su muerte. 
Según otra fuente, Cipriano vivió en tiempos de Carterio, obispo de Périgueux, y que participó en el concilio de Macon del 585: aceptando estos datos cronológicos, se puede admitir que fue contemporáneo de san Gregorio de Tours. San Gregorio de Tours, nos cuenta su vida y lo define como un hombre “de gran santidad”, también dice de él: “Ha tenido muchas veces que curar las manos débiles, de dar a los paralíticos el uso de sus miembros y la vista a los ciegos. Tres leprosos ha recuperado la salud gracias a sus unciones. Y al presente no es raro que los enfermos se vean sanados orando con fe sobre su tumba”.
 
Santa Wulfhilda. M. c. 1000. 
Cuando era novicia en la abadía benedictina de Wilton, el rey Edgardo pidió su mano, pero ella deseaba hacerse monja; después de intentar raptarla en vano, el rey consintió que siguiera su vocación y la nombró abadesa de los monasterios de Barking y de Horton. Más tarde tuvo que huir de una abadía a la otra, (vivió en la de Horton durante 20 años), pero hacia el 993, consiguió regresar como abadesa de ambas casas. 

Simón Takeda y compañeros. Beatos. M. 1603. 
Martirologio Romano: En Yamato, Kagoshima, Japón, beatos Simón Takeda y su esposa Inés, con su madre Juana, y Magdalena Minami, con su hijo adoptivo Luis, de siete años, todos ellos mártires. Simón muere decapitado y los demás crucificados, rezando a coro o predicando desde la cruz.
Simón Takeda era samurai y 35 años y su esposa Inés, con su madre Juana de 55 años. Los varones samurais mueren decapitados. Las mujeres y el niño, crucificados. Destaca la alegría en el momento del martirio, vistiendo su mejor vestido de fiesta. Magdalena Minami, esposa del samurai beato Juan Minami (y que había sido decapitado el día anterior) desde la cruz, rezaba a coro con su hijo adoptivo Luis de 7 años. Juana Takeda predicaba desde la cruz.

José Ferrer Esteve. Beato. (1904-1936). 
Martirologio Romano: En la ciudad de Algemesí (Valencia), beato José Ferrer, presbítero de la Orden de Clérigos Regulares de las Escuelas Pías y mártir, que, en tiempo de persecución, por ser sacerdote fue llevado al glorioso martirio.
Nació en Algemesí, Valencia, en el seno de unos agricultores ricos. Ingresó en los escolapios, siendo aun niño, en la Masía del Pilar de Godelleta. Sacerdote escolapio, desarrolló su ministerio calasancio en Albacete, Algemesí y Utiel. En 1934 fue nombrado maestro de novicios, en Albarracín, sede del noviciado. Fue un hombre simpático de profunda piedad. 
Al estallar la guerra civil, se marchó de vacaciones a Algemesí, con su familia. Fue detenido, y no tuvo miedo a la muerte. Por el contrario, se dispuso a acogerla como un don de Dios. Murió fusilado en la carretera en dirección a Alcira, después de atraversar la localidad de Llombay. Fue beatificado por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995 en el grupo de trece escolapios martirizados en diversos días y en varios lugares en 1936.