4 de diciembre de 2014

Beatos FRANCISCO GÁLVEZ, JERÓNIMO DE ANGELIS y SIMÓN YEMPO. M.1623.


Martirologio Romano: En la localidad de Edo en Japón, beatos mártires Francisco Gálvez, sacerdote de la Orden de los Hermanos Menores, Jerónimo de Angelis, sacerdote, y Simón Yempo, religioso, ambos de la Compañía de Jesús, muertos en la hoguera por odio a la fe


Francisco Gálvez nació en Utiel (Ciudad Real), en 1574, e ingresó en los franciscanos descalzos alcantarinos en el convento de San Juan de la Ribera de Valencia (1591), donde había estudiado Filosofía y Teología en la universidad de Valencia. Ordenado sacerdote en 1601, fue destinado a las misiones de Filipinas. Durante ocho años estuvo en Méjico atendiendo la consolación de aquella floreciente comunidad. En 1609 pasó a Manila, Filipinas y allí aprendió la lengua japonesa en el convento de Dilao. 
En 1612, pasó a Japón, trabajando en la conversión de los nativos. Dos años después, durante la persecución regresó a Manila (1614), donde tradujo a la lengua nipona una explicación de la doctrina cristiana y tres volúmenes sobre la vida de los santos y en Macao se oscureció la piel, como un esclavo negro, para poder volver al Japón, lo que hizo en 1618. Predicó con mucho coraje y en la ciudad de Yeddo. Reanundó la predicación en medio de grandes peligros. Traicionado por un bonzo, que había simulado hacerse cristiano, fue encarcelado contros 51 cristianos y fueron quemados vivos. En medio de las llamas demostró una invencible constancia y no cesó de predicar el evangelio mientras tuvo fuerza para ello. 

Jerónimo de Angelis nació en Enna (Sicilia) en 1567. Se preparaba para estudiar leyes cuando, a través de unos ejercicios espirituales despierta su vocación a la vida religiosa. Ingresa en la Compañía de Jesús en 1585, se ofrece para las misiones y es destinado al Japón. Parte para allí en compañía del beato Carlos Spínola. El viaje fue muy accesidentado y duró seis años: parten de Lisboa, llegan a Brasil y luego a Puerto Rico, donde unos piratas ingleses los obligan a ir a Londres y de aquí vuelven a Lisboa, de donde reemprenden el viaje, llegando por fin a Japón en 1602. Allí es ordenado sacerdote, trabaja en Suxini, y funda la cristiandad de Sarunga. 
Llega en 1614 la orden de salida del Japón, pero él se queda secretamente en Nagasaki. Recorre varias regiones en las que no estaba establecida aún ninguna comunidad cristiana y logra crear varias. Visita el acantonamiento de Zugaru, donde estaban recluidos muchos confesores de la fe, condenados a una vida de fatigas y privados de los sacramentos. Evangeliza también en la isla de Yeso. En 1622 se le nombra superior de la misión de Edo, donde se establece. Se dice que había logrado convertir unas diez mil personas. Puso empeño en convertir personas escogidas e influyentes pensando que así el evangelio se expandiría con mayor fuerza. Su detención se debió a que oyó decir que el beato León Takeya, su hospedador, sería puesto en libertad si el padre De Angelis se entregaba. En el interrogatorio se negó a decir quién lo hospedaba.

Simón Yempo había nacido en Notzu, en el reino de Findo (Japón) en 1580. Inclinado a la vida interior ingresó en su juventud en un monasterio budista. Pero su superior se hizo cristiano y él se interesó entonces por el cristianismo y se convirtió también. En 1598 entró en una escuela de catequistas que tenían los jesuitas y fue catequista a lo largo de veinticinco años con mucho celo, trabajando sin cansancio y viviendo con mucha austeridad. Fue admitido como hermano en la Compañía de Jesús. Acompañó mucho tiempo al P. Jerónimo de Ángelis en sus correrías apostólicas. Encarcelado con él, trabajó en la cárcel por la conversión de otros presos, y fue condenado a muerte por su condición de cristiano y propagandista de la religión.

Fueron beatificados junto a los franciscanos Vicente de San José, Luis de Sotelo y Bartolomé Díaz “Laurel” y junto al grupo de Francisco Morales y compañeros por Pío IX el 7 de julio de 1867. Tras estos mártires los cristianos del Japón quedaron privados de sacerdotes y reducidos al silencio. Sobrevieron en la clandestinidad hasta que fueron descubiertos en 1865, año en el que se permitió a los misioneros católicos entrar en Japón.