16 de diciembre de 2014

Beata MARÍA DE LOS ÁNGELES FONTANELLA. (1661-1717).


Martirologio Romano: En Turín, del Piamonte, beata María de los Ángeles (Mariana) Fontanella, virgen de la Orden de las Carmelitas, que brilló por sus penitencias voluntarias y por la virtud de la obediencia.

María Ana Fontanella nació en Baldinero (Turín), en el seno de la familia de los condes de Fontanella. Su "Autobiografía" nos cuenta, que siendo muy niña le sobrevino una rara enfermedad por la que los médicos la desahuciaron, pero, por intercesión de María, sanó. Desde entonces empezó una vida de mayor sacrificio y de más oración. Su gran anhelo era recibir la Comunión y su imaginación volaba como si lo hubiera recibido realmente. A los 15 años murió su padre, y su madre la encargó la dirección de la casa, oficio que desempeñó inteligentemente. Se preocupaba de todo y de todos. A todos servía con una gran caridad.
A los 16 años intentó hacerse ermitaña sin éxito. Luego ingresó en las carmelitas de Santa Cristina de Turín donde cambió su nombre por el de María de los Ángeles. Sentía una gran inclinación afectuosa por su familia. Ella se volvía a Cristo y le decía: "Bien veis, Amor mío, lo mucho que me cuesta dejar mi madre, pero os la ofrezco a ella y todas las cosas. A cambio, aceptadme como hija y esposa vuestra". En 1677, emitió los votos religiosos y en 1702, hizo el voto heroico de "hacer siempre los más perfecto". Esto la espoleaba a realizar todas las cosas en presencia de Dios. Antes de hacer algo, se preguntaba si aquello era o no era según voluntad de Dios. Fue elegida priora y maestra de novicias. Fundó el convento carmelita de Moncalieri en 1702. Su vida era de una entrega profunda a la contemplación. Hizo cuando profesó seis propósitos que, observándolos a rajatabla, fue el trampolín que la llevó a la santidad.
La familia real se contaba entre sus admiradores y confidentes. En 1696, gracias a su oraciones consiguió la liberación de Turín y atribuyó esta intercesión a san José, al que proclamaron patrón de la ciudad;  en 1706, gracias a sus oraciones a María, logro que la ciudad de Turín no fuera invadida por los franceses, y por ello se construyó el templo votivo de Superga. Era pariente de san Luis Gonzága y como él se distinguió por su pureza. Murió en Turín, donde reposan sus restos en la iglesia de Santa Teresa.

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