15 de noviembre de 2014

Santos ROQUE GONZÁLEZ y ALFONSO RODRÍGUEZ. M. 1628.


Martirologio Romano: En la localidad de Caaró en Paraguay, santos Roque González y Alfonso Rodríguez, sacerdotes de la Compañía de Jesús y mártires, que acercaron a Cristo a las deseosas poblaciones indígenas fundando pueblos llamados reducciones, en los que el trabajo y la vida social se conjugaban libremente con los valores del cristianismo, y por estos fueron ejecutados en una emboscada por el sicario de un brujo


Son tres jesuitas españoles. (Roque González de Santa Cruz, Alfonso Rodríguez de Olmedo y Juan del Castillo). Los tres fundaron la reducción de la Asunción en el río Jaiuy, en Paraguay; en 1628 fundan la misión de Todos los Santos de Caaró. La labor apostólica de estos padres no sólo les llevó a enfrentarse con los poderosos de la época, los encomenderos españoles, sino con un grupo de indios, que con sus hechiceros al frente, defendían sus antiguas creencias y su situación de privilegio en las tribus. 

Mártires cuando se encontraba en su misión de Todos los Santos del Caaró, por una revuelta organizada por el hechicero Ñezú; En el momento en que llegaron los atacantes, el P. Roque colgaba la campana de la iglesia. Un hombre se deslizó por detrás de él y le asesinó a golpes de mazo. Al oír el tumulto, el P. Rodríguez salió a la puerta de su choza, donde encontró a los indios con las manos ensangrentadas. Al punto le derribaron. El P. Rodríguez exclamó: «¿Qué hacéis?» Fue todo lo que pudo decir, pues los indios le acabaron a golpes; después de matarlos, sus cuerpos fueron quemados. Cuando ya habían muerto, los indios, creyeron oír una voz que salía del corazón del Padre Roque "yo no me alejaré de vosotros", entonces arrancan el corazón y lo lanzan al fuego, pero al día siguiente fue hallado intacto. 

Roque nació en Asunción del Paraguay, en 1576, y era hijo de padres españoles. Fue ordenado sacerdote secular, dentro de un primer grupo de sacerdotes nativos en el Río de la Plata en 1599. 
Su primera misión la realizó con un grupo de indígenas, pero tuvo que abandonar este puesto, ya que su familia se opuso (su hermano Francisco González de Santa Cruz, estaba casado con la hija de Hernandarias, gobernador del Río de la Plata). Fue párroco de la catedral de la Asunción, donde se distinguió como sacerdote ejemplar en los nueve años que ejercitó este ministerio, no dejándose llevar por intereses económicos y no mostrando aspiración alguna a las dignidades eclesiásticas, preocupándose mucho por los pobres y por los indios, cuya lengua, el guaraní, aprendió apara poder evangelizarlos mejor. El obispo Reginaldo de Lizárraga le nombró provisor y vicario general del obispado, pero viendo que su vocación hacia los indios, estaba en peligro, decidió hacerse jesuita en 1609. 
Su gran labor misionera se inició cuando fue destinado a trabajar en la misión de "San Ignacio de Loyola" (actual capital del departamento de Misiones en el Paraguay), donde se comprometerá con la defensa de los más débiles. Durante 14 años fundó 11 pueblos (tenía el apoyo de su hermano que era Teniente General y Gobernador de Asunción), iniciando la política de las “reducciones”, donde los indios aprendieron a cultivar la tierra, cuidar de los rebaños y muchos otros oficios útiles. Había captado la psicología del guaraní, y supo aprovecharla, estimulando la formación de un tipo de república guaraní. Fue nombrado superior de las misiones del río Paraná. Llegó a lugares donde todavía no había estado el hombre blanco. Fundó reducciones como las de Yatapua, Santa Ana y Yaguapoa. Nada pudo frenar su impulso misionero. Ciudades como Posadas, Concepción y Encarnación brotaron al calor humano de las reducciones. 

Alfonso nació en Zamora en 1598. Hijo de Gonzalo Rodríguez y María de Olmedo, formaban una familia acomodada. Con 16 años pidió, en Salamanca, el ingreso en la Compañía de Jesús. Hizo su noviciado en Simancas y Villagarcía de Campos (Valladolid), aquí conoció a Juan Eusebio Nierenberg, que luego escribiría su vida y su martirio. Tras sus primeros votos religiosos en 1616, se dispuso a realizar humanidades en Pamplona, el ejemplo y los relatos sobre la vida de los jesuitas en Paraguay, por un compañero que había estado allí, despertaron su vocación misionera. 
Salió de Lisboa en 1616 con un grupo de 35 misioneros para el Brasil. Allí le acompañó san Juan del Castillo. Después de una larga travesía, siguieron su navegación hacia Buenos Aires y luego hacia la ciudad de Córdoba en Argentina donde realizó sus estudios filosóficos y teológicos y enseñaron en Córdoba y Concepción; los últimos años  antes de la ordenación (1624), y pensando en sus destinos futuros, estudiaron la lengua guaraní. En 1627, ya sacerdotes, son destinados por sus superiores a trabajar en la misión del Paraguay. Alfonso fue destinado primero a Asunción, entonces capital de la gobernación del Río de la Plata, extensa zona que incluía, junto al Paraguay de hoy, varios territorios de las actuales Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay. Su primer apostolado lo tuvo entre las tribus guaycurúes, cuya lengua aprendió. Luego marchó con los guaraníes en la reducción de San Ignacio, primera de las jesuíticas. Poco después, fue a Concepción de Itapúa, junto al río Paraná, (reducción fundada por Roque González) que era la más central, donde volvió a coincidir con san Juan del Castillo. Luego junto con san Roque González, fundó la reducción de Todos los Santos en Caaró donde murió mártir. 

Seis meses después, se redactó un relato de todo lo sucedido para introducir la causa de beatificación. Pero los documentos se perdieron en el viaje a Roma. La causa se interrumpió durante dos siglos y parecía destinada al fracaso. Felizmente, en Argentina se descubrió una copia de los documentos, y Roque González, Alonso Rodríguez y Juan de Castillo, fueron solemnemente beatificados en 1934. Entre los documentos figuraba la siguiente declaración de un jefe indio, llamado Guarecupí: «Todos los indios cristianos amaban al padre (Roque) y sintieron su muerte; era un padre para nosotros y así le llamaban los indios del Paraná.» El papa Juan Pablo II llevó a término la canonización de los tres misioneros, celebrándola en Paraguay, el 16 de mayo de 1988.