15 de noviembre de 2014

San JOSÉ PIGNATELLI. (1737-1811).


Martirologio Romano: En Roma, san José Pignatelli, sacerdote de la Compañía de Jesús, que trabajó para restaurar la vida de esta familia religiosa entonces reducida casi a la extinción y se demostró insigne por su caridad, humildad e integridad moral, siempre dirigido a la mayor gloria de Dios

Nació en Zaragoza. Era de nobilísima familia entre napolitana y aragonesa: su padre era un príncipe del Sacro Imperio Germánico, y su madre, marquesa de la Mora. Su familia emparentaba con san Francisco de Borja y san Luis Gonzaga. Estudió en el colegio de los jesuitas de Zaragoza, donde estudió Teología; en Calatayud estudió Filosofía, una vez que ingresó en los jesuitas. Era piadoso, elegante y culto. Entendía de antigüedades, hablaba varios idiomas, y tenía un gran categoría humana. Fue siempre ejemplo de caridad, humildad y confianza en Dios. Esas fueron sus virtudes características. Entró en la Compañía de Jesús (1753) y, tras una estancia de formación en Tarragona, Calatayud y Manresa. En 1759 solicitó que le destinaras a las misiones del Paraguay, pero en vísperas del exámen final de Teología moral enfermó: tuvo vómitos de sangre y enviado a los Pirineos para que se recuperara
Fue ordenado sacerdote en 1762, poco antes de que Carlos III decretara el destierro de los jesuitas. Su primer destino fue la de profesor de Gramática en el colegio de los jesuitas de Zaragoza, allí estuvo cuatro años, tiempo que aprovechó para introducir en el colegio la práctica de los seis domingos en honor a san Luis Gonzaga. Se dedicó también a atender a los enfermos y a los condenados a muerte. En 1767 fue ordenado la expulsión de los jesuitas de España. Su hermano consiguió que se hiciera una excepción con él, pero éste entre vómitos de sangre, muy enfermo de tisis, hizo que le llevaran a Salou para embarcar junto con sus hermanos expulsados y compartir con ellos sus penalidades. En 1771 hizo sus votos solemnes en la iglesia del Gesú de Ferrara. En 1773, el papa publicó la extinción total y absoluta de la Compañía de Jesús. 23.000 jesuitas de todo el mundo dejaban de serlo y se veían desprovistos de todas sus casas y bienes. José y su hermano Nicolás, también jesuita, alquilaron un apartamento en Ferrara y luego en Bolonia.
En Italia vivieron como apestados, y él decidió dedicarse al estudio viviendo siempre con una gran modestia; comenzó a pintar, y comenzó a comprar libros e hizo una biblioteca bastante numerosa. A pesar de su débil salud se dedicó a los pobres y enfermos. Su hermano intentó que dejase la Compañía a lo que José le contestó: “... no lo haré jamás, aunque tuviese que perder mil veces la vida”. José intentó ingresar de nuevo en el noviciado de la Compañía en Rusia, pero no le estaba permitido a los españoles. En 1797 pudo renovar sus votos cuando la Orden se reconstituyó en el ducado de Parma, agregándose al núcleo de Rusia, único lugar donde aún quedaban jesuitas. En Ferrara y Bolonia, desplegó una gran actividad reorganizando la Compañía de la que pronto será provincial, a pesar de su oposición. Será el anillo de unión entre los jesuitas de antes y después de la persecución y abolición del siglo XVIII. Después de ser provincial de Nápoles, donde también se había restaurado la Compañía, fue nombrado provincial de toda Italia. Marchó a Roma, bajo la protección del papa Pío VII que momenténeamente reconoció a la Compañía. Pero la invasión napoleónica hizo que de nuevo tuvieran que vivir en la clandestinidad. José se dedicó a los más pobres. Pero morirá sin haber visto rehecha la Compañía, durante la invasión de Napoleón y procurando que no se enteraran de su muerte para que no hubiera manifestaciones populares. Pío XI lo describió como un sacerdote de "viril y animosa santidad". Se le considera el segundo padre de los hijos de san Ignacio. Murió en Roma. Pío XII lo canonizó en 1954.