1 de noviembre de 2014

Santos JERÓNIMO HERMOSILLA, VALENTÍN BERRIOCHOA y PEDRO ALMATÓ RIBEIRA. M. 1861.


Martirologio Romano: En la ciudad de Hai Duong en Tonkín, hoy Vietnam, santos mártires Jerónimo Hermosilla y Valentín Berriochoa, obispos, y Pedro Almató Ribeira, sacerdote, de la Orden de Predicadores, decapitados por orden del emperador Tu Duc

Jerónimo nació en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja), en 1800, en el seno de una familia pobre. Era el menor de 9 hermanos, y al morir su padre se fue a vivir con un benedictino, con el que estuvo cinco años, siendo su monaguillo, recadero y amanuense; el benedictino será su maestro, educador y preceptor. Pasó a Valencia con el obispo benedictino, Veremundo Arias, y allí pasó al seminario diocesano, regentado por los dominicos, en 1815. 
En 1819 ingresó en la Orden de Predicadores. Su noviciado será largo a causa de las leyes religiosas dictadas por el Estado y porque, en 1821, tuvo que alistarse, obligado, en el ejército de Fernando VII contra Riego y obtuvo el grado de sargento. Acabada la contienda volvió al noviciado. Profesó en el real convento Santo Domingo de Valencia en 1823. 
En 1824 fue enviado al convento de Santo Tomás en Manila a completar sus estudios; en la universidad de Santo Tomás de Manila terminó sus estudios teológicos y fue ordenado sacerdote. Llegó a Vietnam en 1829. Allí tendrá como vicario a san Valentín Berrio Ochoa, y como obispo a san Clemente Ignacio Delgado. Su primer trabajo fue aprender la lengua y luego formó una fuerte y sólida organización de catequistas. “La Casa de Dios” fue el nudo de esta evangelización, empezando por la formación de los catequistas. 
Entre 1838 y 1839 comenzó una terrible persecución contra los cristianos tonkineses, y fray Jerónimo fue testigo de estos hechos, como así lo atestiguan sus cartas. En 1839 fue nombrado obispo, aunque sólo en 1841 pudo ser consagrado, sucediendo a Clemente Ignacio Delgado, que había sido martirizado. Su episcopado fue una dedicación plena a la organización de su territorio, en un momento menos cruel de la persecución. Consiguió grandes logros en la evangelización y organización de la Iglesia en aquellas tierras. 
Con el rey Tu-Duc arreció de nuevo la persecución, y Jerónimo tuvo que vivir en la clandestinidad. Pidió ayuda a Valentín Berrio Ochoa y a san Pedro José Almató; los tres cayeron prisioneros a causa de la denuncia de un joven que se quería vengar de su padre, y lo denunció de amparar a los misioneros. Francia y España, enviaron tropas a Tonkin, que humillaron y expoliaron a las tropas de Tu-Duc, que se vengó en los misioneros. En 1861 fue apresado en la barca de un pescador que lo protegía, junto a su inseparable catequista san José Nguyen Duy Khang. Los tres misioneros fueron encerrados en una jaula. Mártir en Hai Duong, Tonkin. Fue degollado tras durísimos días de enjaulamiento. 
Su festividad universal se celebra el 24 de Noviembre, junto con los 117 Mártires del Vietnam. Pero la diócesis de Calahorra-La Calzada-Logroño, celebra su festividad el 31 de Octubre, víspera de su ejecución.

Valentín nació en Elorrio (Vizcaya), en 1827, en el seno de una familia cristiana; su padre era carpintero. En su niñez y juventud estuvo relacionado con el convento de dominicas de su pueblo, donde hizo de acólito, y ya desde entonces tuvo admiración por la Orden dominicana. Durante su adolescencia tuvo que dedicarse al trabajo de carpintero, al mismo tiempo que estudiaba. Le gustaba el folklore vasco y mostró dotes musicales en la interpretación del chistu.
En 1842, después de unas misiones de un sacerdote, sintió la vocación sacerdotal; con la ayuda de otro presbítero, a los 18 años ingresó en el seminario de Logroño. En 1853 fue director espiritual del seminario de Logroño, siendo todavía tonsurado. Cuando supo que sus padres estaban haciendo un esfuerzo enorme para pagarle el seminario, decidió abandonarlo, pero se dio cuenta que su cargo, como director espiritual, le permitía pagarse sus estudios. En 1851, fue ordenado sacerdote en Calahorra. Sus primeros años de sacerdote los pasó en Logroño, donde se destacó como predicador y por su virtud. 
Más tarde pasó a ser novicio dominico en el convento de Ocaña, donde profesó en 1854 y se llamó Valentín Berriochoa de la Encarnación. Al salir de Ocaña dijo: “Voy a hacerme santo para que tenga uno Vizcaya”. Hizo el noviciado, fue de nuevo director espiritual del colegio y luego embarcó para ir a Filipinas. En Manila, en el convento de Santo Domingo, aprendió la lengua vietnamita.
En 1858 llegó a la misión de Vietnam con el nombramiento de obispo coadjutor de san Melchor García Sampedro, siendo consagrado en una choza de la aldea de Ninh-Cuong con el título de obispo de Centuria, con derecho a sucesión, a las pocas semanas Melchor fue martirizado. Se le conoció con el nombre de “Vinh” que significa “noble, distinguido”. Valentín se hizo cargo del vicariato apostólico de Vietnam central, sin residencia fija debido a la persecución, y no queriendo huir a Macao, se quedó en su zona pastoral. Escribió muchas cartas a su madre y a los dominicos donde narró la situación de persecución que estaban viviendo los misioneros y catequistas. Después de tres años de trabajo apostólico, en 1861, fue apresado, por una traición y condenado a muerte. Tras siete días de prisión, fue decapitado con el obispo Jerónimo Hermosilla y el sacerdote Pedro Almató en Hai Duong, Tonkin. Segundo patrón de Vizcaya.

Pedro nació en San Feliú de Saserra (Barcelona) en 1830. Ingresó en el seminario de Vich, donde se destacó por su dedicación al estudio; allí coincidió con san Antonio María Claret, a quien le pidió consejo y le animó a ingresar en la Orden de Predicadores. En 1847 ingresó en el convento dominico de Ocaña, que era el único convento abierto de España, en una época de cierre de los conventos religiosos, porque era el único que se dedicaba a formar a misioneros para Oriente. 
Fue enviado a Manila, para completar los estudios y recibir el sacerdocio. Durante dos años se dedicó a ayudar en el trabajo pastoral de otras parroquias, aprender las lenguas orientales. En 1855, fue enviado al Vietnam como misionero; él ya sabía de la persecución religiosa, pero a pesar de ello quiso ir. No pudo dedicarse por entero a su misión, porque cayó enfermo y tuvo que conformarse con reducir su apostolado en una zona bastante tranquila. Cuando fray Jerónimo Hermosilla fue nombrado obispo del vicariato, le nombró su ayudante y a partir de entonces su vida se unió a la de su obispo, en huidas y correrías. 
En octubre de 1861, fueron apresados por la denuncia de un cristiano traidor. Cargados de cadenas llegaron a la capital del reino, y allí, en el camino habían puesto un crucifijo para que fuera pisoteado, pero fray Pedro, se arrodilló y besó el crucifijo, de manera que tuvieron que retirarlo. Mártir en Hai Duong, Tonkin (Vietnam) junto con Jerónimo Hermosilla y Valentín Berriochoa. Lo tuvieron metido en una jaula donde se preparó para el martirio. Murió rezando el rosario. Fue el más joven del grupo de mártires dominicos del Vietnam.