3 de noviembre de 2014

San MARTÍN DE PORRES. (1579-1639).


Martirologio Romano: San Martín de Porres, religioso de la Orden de Predicadores: hijo de un español y de una mujer negra, desde su niñez, ya sea por las dificultades derivadas de su condición de hijo ilegítimo y de mestizo, tomó la profesión de médico, que una vez, siendo religioso, ejerció con abnegación en Lima en Perú entre los pobres y, dedicado a los ayunos, a la penitencia y a la oración, llevó una existencia de simplicidad y humildad, irradiada del amor

Nació en Lima, hijo de un caballero burgalés, llamado don Juan de Porres y de una esclava mulata panameña, llamada Ana Velázquez. Con su padre, que había sido nombrado gobernador de Panamá, marchó de niño a Guayaquil donde hizo los estudios primarios (1587-1590) y tuvo el reconocimiento de paternidad de su progenitor. Vuelto a Lima, recibió la confirmación de manos del obispo de Lima, santo Toribio de Mogrovejo, en 1591; aprendió peluquería y especialmente el oficio de enfermero y barbero (los barberos de la época eran también cirujanos, médicos y farmacéuticos). Con 21 años ingresó en el convento de dominico de Nuestra Señora del Rosario en Lima (1594) y se entregó a la oración y a la caridad, a la pobreza y a la humildad. Desempeñó los oficios de la limpieza del claustro, y otros menesteres domésticos.
El ejemplo de humildad fue sobresaliente en este lego, que, aun sintiendo correr sangre noble española por sus venas y consciente de sus conocimientos y capacidades profesionales, aceptó la humillación de ser un simple hermano lego donado, pues, como mulato, ocupaba el último puesto en la jerarquía de la sociedad de su tiempo (dentro de los dominicos, ser mulato, significaba ir detrás de los españoles; indios y negros eran considerados como verdaderos servidores y no pertenecían a título pleno a la Orden).
Sus superiores aceptaron su profesión como hermano coadjutor en 1603, y le encomendaron el cuidado de la enfermería. Renunció a ser hermano coadjutor o sacerdote. Martín prefirió las tareas más humildes, protegió a los esclavos y transformó su enfermería en un verdadero centro de caridad. Con su tez morena, su escoba y su lanceta de enfermero, pronto le aureolan relatos taumatúrgicos. Decían que cuando la ciencia no bastaba, fray Martín buscaba el remedio con inefable naturalidad en la oración y en el milagro."¡Si estuviera aquí fray Martín!, exclamaban lo mismo el enfermo que sus familiares. Y fray Martín se presentaba inesperadamente -¿cómo lo ha hecho? preguntaba el enfermo. - no te metas a bachiller, da gracias a Dios y descansa". Intercambió pobres y enfermos con san Juan Macías, fraile dominico del convento limeño de Santa María Magdalena.
La portería del convento se llenó de gente que buscaba el milagro o ver el milagro. El superior le llamó: "fray Martín bajo santa obediencia le prohíbo que haga cosas así, sin mi permiso". Y Martín obedeció. Pronto yendo por la calle, resbaló del andamio un albañil, que grita en el aire: "sálvame, fray Martín.  - espere un poco que voy a pedir permiso". Y este afán de caridad de Martín para con todos los hombres, era secundado por sus delicadezas con los animales. Instituyó un hospital donde no se hacía ninguna distinción de razas o clases, mientras que en los hospitales públicos de la capital se reservaba un ala del edificio para cada clase social. Además logró crear el primer colegio exclusivamente para niños pobres, una mesa para pobres en el convento y otras obras caritativas en toda la ciudad. El mismo virrey del Perú le ayudó, visitándolo en su celda. Murió consumido por la penitencia, atacado por el tifus. Inmediatamente fue venerado por todos como un santo. 
Fue canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII, quien profesaba gran devoción por el santo.Patrón de la justicia social del Perú. MEMORIA FACULTATIVA.