10 de noviembre de 2014

San JUSTO DE CANTERBURY. M. 627.


Martirologio Romano: En Canterbury, en Inglaterra, san Justo, obispo, enviado a esta isla por el papa san Gregorio I Magno juntamente con otros monjes, para ayudar a san Agustín en la evangelización de Inglaterra, aceptando más tarde el episcopado de esta sede.

Monje benedictino romano. En el 601 fue enviado a Inglaterra por el papa san Gregorio Magno, como evangelizador de las tierras de Kent y de las regiones cerca de Londres. En el 604, san Agustín de Canterbury le ordenó obispo de Rochester. El rey san Etelberto de Kent construyó allí una iglesia dedicada a San Andrés, porque los misioneros romanos venían de la iglesia de San Andrés de la Colina Coeli. Cuando san Lorenzo sucedió a san Agustín en la sede de Canterbury, Justo escribió junto con él y con san Melito de Londres una carta a los obispos y abades irlandeses, invitándolos a adoptar ciertas costumbres romanas. Dichos santos escribieron otra semejante a los británicos cristianos. A propósito de esta última, dice irónicamente Beda: "Todavía puede verse lo que en realidad consiguieron con eso".
En el año 616. después de la muerte del rey san Etelberto, se desató una reacción de los paganos en Kent y entre los sajones del este. Viendo eso, san Lorenzo, Justo y san Melito, decidieron retirarse algún tiempo, pues no podían hacer ningún bien en tanto que durase la oposición de los príncipes paganos. Justo y Melito partieron a la Galia. Un año más tarde, Justo volvió a Inglaterra, ya que san Lorenzo, movido por una aparición de san Pedro, había conseguido convertir al rey Edbaldo de Kent.
En el 624, sucedió a san Melito en la sede de Canterbury; el papa Bonifacio V, al enviarle el palio, tuvo hacia él palabras de alto aprecio, y en la que le delegaba el derecho patriarcal de consagrar obispos para Inglaterra. Justo murió poco después. Antes de morir, consagró a san Paulino de York y le mandó acompañar a santa Ethelburga de Lyminge cuando ésta partió al norte a contraer matrimonio con el rey san Edwin de Nortumbría, que era pagano. Como lo hace notar Beda, esa alianza fue la ocasión para que el país abrazara la fe". Le sucedió san Honorio.