14 de noviembre de 2014

San ESTEBAN TEODORO CUENOT. (1802-1861).


Martirologio Romano: En la fortaleza de Binh Dinh, en Conchinchina, san Esteban Teodoro Cuénot, obispo de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que tras veinticinco años de trabajos apostólicos, durante la feroz persecución bajo el emperador Tu Duc fue arrojado a una cuadra de elefantes, donde murió agotado de sufrimientos.

Nació en Le Bellou (Francia) y era hijo de campesinos. Antes de ser ordenado sacerdote quiso ser relojero e inventó sus propios relojes. 
Ingresó en el seminario de Besançon, de donde pasó como catequista del grupo "El retiro cristiano" de Aix y fue ordenado sacerdote en 1824. En 1827 ingresó como misionero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de San Vicente de Paúl en París. Al año siguiente fue enviado a la Conchinchina. Llegado a Saigón, el vicario apostólico y el futuro san José Marchand, instruyeron al joven misionero en la lengua del país y en los rudimentos de su trabajo misionero. Pronto fue capaz de hablar y escribir en lengua annamita, de forma que escribió varios libros en esta lengua.
En 1933 se desató la persecución contra los cristianos por el monarca Minh-Menh. Esteban después de un rocambolesco viaje organizó una huida con sus seminaristas y le lanzó al mar, sin brújula y logró llegar a Singapur y allí volvió a ponerse a las ordenes de su vicario apostólico que le nombró obispo-coadjutor y en 1835, fue consagrado obispo de Metellópolis. En mayor de este año, disfrazado de médico de la tripulación de un barco francés y con un grupo de sacerdotes nativos, desembarcó en Vietnam. Fue un obispo siempre en el campo de batalla, porque los cristianos de Indochina prácticamente abandonados a sí mismos, eran sometidos a continuas vejaciones y persecuciones por parte de la sociedad budista. A pesar de esto los convertidos por el obispo Cuenot se contaban cada año por miles. Por uno que abjuraba bajo las torturas, cientos pedían el bautismo. El clero indígena se triplicó. 
En 1840 murió el rey Minh-Menh, con lo que amainó la persecución, así como el vicario apostólico, mons. Taberd. Cuenot le sucedió en el cargo y su primer acto fue celebrar un sínodo diocesano en el que unificó normas pastorales del Vicariato. Se estableció la sede del vicariato en Go-Thi, donde puedo hacer más eficaz su labor a pesar de que se iniciaba de nuevo la persecución. En su retiro, recopiló las noticias de los mártires de la persecución, y lo hizo tan bien que cuando sus relaciones llegaron a Roma, comprobaron la imparcialidad de sus juicios. El papa Gregorio XVI dividió su vicariato en varios en el 1845: el de la Baja Conchinchina, del que se encargó mons. Lefrevre; en 1850 se formó el de Camboya y Laos, y en 1851 el de la Conchinchina septentrional, quedando Esteban con el título de vicario apostólico de la Conchinchina Oriental, y fueron las misiones las que se beneficiaron de esta nueva estructura. 
En 1861, al recrudecerse las persecuciones de parte del rey Tu-Duc, el obispo mandó que los misioneros se refugiaran en Saigón, en entonces en manos francesas, pero el no se marchó. Fue acogido en casa de un pagano hasta que fue descubierto y capturado y, aunque no fue realmente martirizado, su muerte se produjo por un lento envenenamiento que le suministraban a nivel sicológico y físico, por esto está considerado como mártir. El mayor elogio vino de sus carceleros que dijeron de él: "Había llegado a ser perfecto. El cielo se ha dado prisa para recibirlo, sin permitir que él sufriera el suplicio". Era cadáver cuando su cuerpo fue ordenado que fuera decapitado, pero un carcelero se opuso y fue enterrado en una estera, en un lugar de la cárcel. Fue canonizado por san Juan Pablo II el 19 de junio de 1988.