23 de noviembre de 2014

San COLUMBANO DE LUXEUIL y de BOBBIO. (c.543 - 615).


Martirologio Romano: San Columbano, abad, que originario de Irlanda, se hizo peregrino por Cristo para instruir a las gentes de  Francia, fundó junto a muchos otros monasterios, el de Luxeuil, que él mismo gobernó bajo una extrecha observancia de la regla; obligado a exiliarse, atraversó los Alpes y fundó en Emilia el monasterio de Bobbio, célebre por la disciplina y los estudios, donde, benemérito de la Iglesia, murió en paz y su cuerpo fue enterrado este día.  


Nativo de Leinster (Irlanda). Era hijo de Fedilmid, nieto de Fergus, busnieto de Conall Gulban, tataranieto de Niall, el de los “Nueve Rehenes”. No había en todo el pueblo gaélico un hombre de más noble estirpe. Por su sangre podía haber reinado en Irlanda, pero prefirió servir a Dios, después de sentirse inclinado, por su extraordinaria belleza, a los placeres de la carne. Recibió su formación intelectual y ascética (tras un período de vida eremítica) primero en el monasterio de Cluain-Inis, bajo la dirección del sabio Senel y después (558) en el monasterio de Bangor, fundado por san Congal, representante de la escuela ascética más rigurosa de las islas Británicas, que había adoptado la vida monástica a la obra de evangelización. En el año 563, Columbano, que se dice fue el fundador de la abadía de Kells así como el autor del famoso “Libro de Kells”, abandonó Irlanda. 
Columbano dejó Irlanda con doce compañeros, marchó a Escocia (570-574), donde se dedicó a la evangelización, y fundó un monasterio en la isla de Iona que floreció durante 250 años. Trabajó después entre los pueblos extranjeros: en Austrasia (575-588); luego en Borgoña, cuyo reino se extendía por buena parte de la Galia. Aquí fue invitado por el rey san Gontrán, y fundó sucesivamente tres monasterios: Annegray, Luxeuil y Fontaines. Cuando el número de los monjes alcanzó los 250, Columbano compuso primero una Regla (ayuno, oración, trabajo, lectura diaria), que se convirtió (junto con la Regla de san Benito) en la forma más apropiada del evangelio para los hombres del siglo VI; y más tarde un “Penitencial”, con las reglas penales "tarifadas" en uso en Irlanda, para la confesión individual secreta.
Tras varios altercados con la corte borgoñona y con la misma Iglesia franca a causa de su irritante intransigencia (por la fijación de la fecha de las fiestas pascuales, por la defensa de la moral cristiana y por los usos monásticos), fue expulsado de Borgoña (porque censuró a la reina Brunequilda) y obligado a reembarcarse hacia su isla natal. Pero su barco encalló y fue llevado al reino de Clotario, en Rouen (Neustria), donde logró imponer el respeto de su concepción particular sobre la ley cristiana. Más tarde se dirigió a la alta Renania; pero atraído por Roma, partió para Italia; llegó primero a Tuggen, en el lago de Zurich (de donde fue expulsado), y después a Bregenz, en el lago de Constanza (también aquí se le rechazó), no sin antes haber puesto, junto con san Galo, la primera piedra de lo que sería el monasterio de Mehrerau; dejó en esta localidad a su monje san Galo, que se negó a seguirlo porque esperaba poder evangelizar aquel lugar; y por último, atravesó los Alpes para llegar a la llanura del Po.
Acogido por los reyes lombardos (Agilulfo y Teodolinda), tomó posición en la disputas dogmáticas de su época poniéndose a disposición de la ortodoxia de la sede de Pedro, y de los concilios de Constantinopla y Calcedonia, contra las herejías arrianas y nestorianas, así como con el cisma relacionado con los llamados “Tres Capítulos”. Estuvo envuelto en las disputas con los obispos galos, puesto que quería imponer la fecha irlandesa de la fiesta de la Pascua, en contra de la romana. El Papa le hizo varias llamadas para que se pusiera de su lado pero todo fue en vano. Invocó del Papa sanciones contra los obispos que no seguían la condena del II Concilio de Constantinopla. En contraste con los lombardos arrianos, fue obligado a retirarse al Apenino ligur, donde fundó el monasterio de Bobbio. Aquí vivió en soledad hasta su muerte. 
Vivió muy austeramente, e hizo vivir la misma regla a donde iba, no cambió nunca la rigidez de la regla, si se piensa que olvidarse un "amén" en el coro significaba 30 azotes, y una intemperancia en el comer se pagaba con una semana a pan y agua. Ayunos y disciplinas eran prácticas diarias. La rigidez de su regla chocó ya sea con la autoridad civil, como con la eclesiástica. Su ascetismo influyó mucho en la espiritualidad medieval, cuando sus monasterios se unieron a la orden benedictina. "Que el monje viva bajo la ley de uno solo, y en compañía de muchos, para aprender de unos la humildad, y de otros, la paciencia. Que no haga lo que le plazca; que coma lo que le manden; que no tenga sino lo que le den, que obedezca a quien le desagrada. Irá al lecho agotado por el cansancio, durmiendo ya al dirigirse a él, dejándole sin terminar el sueño. Rece siempre, trabaja siempre, estudie siempre". San Eustaquio le sucedió en el monasterio de Luxeuil. Columbano fue famoso tanto por sus profecías como por haber sido la causa del primer pleito sobre los derechos de autor que conoce la historia. En este caso la sentencia fue que “a cada vaca su ternero y a cada libro su copyright”. Está enterrado en Armagh, Irlanda, junto con san Patricio y santa Brígida. Patrón de Irlanda. MEMORIA FACULTATIVA.