23 de noviembre de 2014

OTROS SANTOS DEL DÍA:


Santa Felicitas. M. 165.
Martirologio Romano: En Roma en el cementerio de Máximo en la vía Salaria nueva, santa Felicitas, mártir
Era una viuda romana que fue martirizada en Roma, junto a sus hijos, durante la persecución de Marco Aurelio; el Martirologio Romano anterior a 1970 identificaba los hijos con los Siete Hermanos, pero esta versión ya no es aceptada. Se dice que era una matrona romana que después de asistir al suplicio de sus siete hijos, a quienes había alentado a resistir y a padecer la muerte honrosa antes que adorar a los ídolos. La historia parece que es una copia del relato bíblico de los siete hermanos Macabeos. Todo lo que se sabe de ella es que esta enterrada en el cementerio Máximo en la vía Salaria de Roma. Es probable que esta Felicitas sea la santa nombrada en la Plegaria Eucarística I y no la compañera de santa Perpetua. Desde 1969 su culto se ha limitado a los calendarios locales. 

San Clemente de Metz. s. III. 
Martirologio Romano: En Metz, de la Galia Bélgica, conmemoración de san Clemente, que es tenido como primer obispo de esta ciudad.
Primer obispo de Metz; fue enviado directamente desde Roma para evangelizar aquella región de la Galia. La leyenda asegura que fue discípulo de san Pedro, pero fue forjada sólo para justificar las pretensiones de la Iglesia de Metz al apostolado, y es fuente de innumerables falsificaciones hagiográficas. Se dice que murió mártir. 

Santa Mustiola. M. 273. 
Martirologio Romano: Cerca de Chiusi, de la Toscana, santa Mustiola, mártir.
La tradición popular bordó libremente una historia en forma de relato de pasión: Mustiola (en la tradición local se agrega que era virgen y mujer de familia ilustre que se dice era prima del emperador Claudio) que asistió en prisión a un diácono, san Ireneo, y sus compañeros durante la persecución de Aureliano en la ciudad de Chiusi. El prefecto la mandó apresar también como cristiana, pero al verla quedó prendado de ella. Pero como Mustiola se resistió, el prefecto, llamado Tercio, decidió doblegarla haciendo que torturaran en su presencia al diácono y sus compañeros: potro, grafios de acero, hierros candentes, y todos los instrumentos que, aunque reales en su momento, en los relatos de pasión se suceden casi como un estribillo. Pero Mustiola, en vez de ceder, se reafirma en su fe y se enfrentó valientemente al prefecto, por lo que finalmente es muerta a palos. Fue sepultada en la catacumba de Chiusi, y su culto está difundido tanto allí -de donde es patrona- como en Pésaro. 
Se dice que llevó desde Roma a Toscana, el anillo de desposorio de la Virgen María. 
ruinas de Cícico

San Sisinio de Cicico. M. d. 325. 
Martirologio Romano: En Cícico en Helesponto, en la actual Turquía, san Sisinio, obispo y mártir, que según se narra fue ejecutado con la espada después de muchos suplicios durante la persecución de Diocleciano
Obispo de Cícico del Helesponto. Confesó la fe en esta ciudad, durante la persecución de Diocleciano: fue arrastrado por caballos salvajes, pero sobrevivió y participó en el Concilio de Nicea. Se dice que fue decapitado. 

San Spes de Spoleto. s. VI. 
Obispo de Spoleto (Umbría) durante 32 años, tiempo en el que no faltaran problemas en la diócesis y que, nuestro santo, supo regir correctamente siendo un padre afectuoso para su pueblo. Fue sepultado en la iglesia de San Pietro en Spoleto y parte de sus reliquias se transportaron a Aix-la-Chapelle en Francia. 

San Severino de París. M. c. 540. 
Martirologio Romano: En París en la Galia lugdunense, hoy en Francia, san Severino, que, recluído en una celda, se dedicó a la contemplación de Dios
Ermitaño en el distrito de San Severino en París. Recluido en una celda, se dedicó a la divina contemplación. 

San Trudón. M. c. 695. 
Martirologio Romano: En Sarquinium (hoy Saint-Trond), de Brabante, en Austrasia, san Trudón, presbítero, que dio todos sus bienes a la Iglesia de Metz y allí mismo edificó un monasterio, donde reunió a sus discípulos.
La leyenda dice que fue benedictino austriaco bajo el gobierno de san Remaclo, recibió la ordenación sacerdotal de manos de san Clodulfo de Metz y, hacia el 660, fundó y gobernó una abadía en las tierras de su padre, entre Lovaina y Tongres que luego recibió su nombre, Saint-Trond, y que reunió muchos discípulos.