15 de noviembre de 2014

OTROS SANTOS DEL DÍA:



San Eugenio. s. III. 
Fue un colaborador de san Dionisio de París; y por lo que parece fue martirizado en algún lugar cercano a la ciudad. El antiguo Martirologio lo identificaba erróneamente con un obispo de Valencia. 
Una passio escrita en el 850-875 (?) que no tiene ninguna virisimilitud histórica, pretende que Eugenio era un ciudadano romano. Marchó a Francia y allí san Dionisio lo encontró y le confirió el episcopado, asignándole Toledo como campo de apostolado. Después de algunos años de fructífera predicación, Eugenio quiso ver a Dionisio, del que ignoraba que había muerto mártir, para informarle de su trabajo. Fue arrestado por orden de Fescennio Sisinio y decapitado en Deuil. No confundir este santo con su homónimo obispo de Toledo.

Hipona
Santos Fidenciano, Valeriana, Victoria y 17 compañeros. s. III/IV. 
Martirologio Romano: En Hipona Regia, de Numidia, los veinte santos mártires cuya fe victoriosa celebró san Agustín y de los cuales sólo se recuerdan los nombres del obispo Fidenciano, de Valeriana y de Victoria.
Son 20 mártires, en Hipona, África, cuya fe y triunfo celebró san Agustín en varios de sus escritos, pero sin precisar nada concreto sobre su biografía. 

Santos Gurías y Samonas. M. 305. 
Martirologio Romano: En Edesa, de la región de Osrhoena, santos mártires Gurias, asceta, y Samonas, que, bajo el imperio de Diocleciano, después de prolongados y crueles tormentos fueron condenados a muerte por el prefecto Misiano y degollados.
Según la leyenda, Gurías y Samonas fueron encarcelados durante la persecución de Diocleciano. Como se negasen a sacrificar a los dioses, se los colgó de una mano y se les ataron pesas en los pies. Después, estuvieron tres días en una horrible mazmorra, sin comer ni beber. Cuando los sacaron de ahí, Gurio estaba agonizante. Samonas fue torturado cruelmente otra vez, pero permaneció firme en la fe. Ambos murieron decapitados. Gurías era un asceta. 

San Flaviano de Vercelli. M. 556. 
XIVº obispo de Vercelli, sucediendo a san Constancio hacia el 541; fue insigne poeta y custodio de la memoria de los santos locales. Se le considera el “san Dámaso” vercellese porque dejó preciosos cármines sepulcrales dedicados a los primeros santos de la diócesis. Sus escritos están conservados en el mármol y comprenden un centenar de versos referidos a san Eusebio y a las primeras hermanas del cenobio femenino, fundado por santa Eusebia, presunta hermana del protoobispo. Se señala en particular el explédido carmen que adorna el sepulcro de santas Constanza y Exuperia, hermanas del obispo san Constancio. Flaviano promovió además la decoración con adornos particulare, mosaicos e inscripciones métricas, en la antigua basílica eusebiana.
En su epitafio fúnebre nos recuerda que fue generoso en el perdonar, bueno de corazón, versátil y vivaz de ingenio, delicado de sentimiento y rico de vida interior. Su memoria no aparece, por desgracia, en ningún calendario litúrgico diocesano.

San Macuto de Alet. M. c. 640. 
Martirologio Romano: En Bretaña Menor, san Maclovio o Macuto, obispo de Alet, que, nacido en Cambria, murió en Saintes.
Nació en el País de Gales en el seno de una familia noble y cristiana. Ingresó como monje en el monasterio de Lancarvan o Llancarvan (Glamorganshire), donde se dice fue confiado a san Brendano "el Viajero". Discípulo de san Aarón de Bretaña. Hacia el 550, se marchó a Bretaña con un grupo de misioneros galeses en Armórica; primero en la isla de Cézembre, luego se establecieron en un lugar llamado Aleth (Saint-Malo), donde fue nombrado su primer obispo. Durante un tiempo estuvo exilado fuera de su sede por la hostilidad que le presentaron los bretones por la acumulación de bienes en su monasterio, y Macuto los maldijo y marchó en Saintés donde le recibió el obispo san Leoncio que lo nombró su coadjutor. Los bretones, arrepentidos, le pidieron que volviese a su tierra, y Macuto accedió. Murió al poco tiempo en Santonas o Santonge. Le sucedió en el episcopado, san Enogato.
La leyenda dice que navegó con san Brandano a lomos de una ballena, buscando la isla maravillosa de Ima y que no lo consiguió. Se le han atribuidos numerosos milagros, y le hicieron primo de santos Maglorio y Sansón de Dol.

San Desiderio de Cahors. M. 655. 
Lápida de san Desiderio
Martirologio Romano: En Cahors, de Aquitania, san Desiderio, obispo, que construyó muchas iglesias y monasterios y hasta edificios para el bien común, sin olvidarse de preparar las almas para su celeste Esposo, como verdaderos templos de Cristo.
Nació en la provincia de Narbona, en el seno de una noble familia galoromana. Fue educado en la corte de Clotario II con sus hermanos Rústico y Siagrio. Desiderio, conocido como Géry, ejerció funciones administrativas durante el reinado de Dagoberto (629).
En el 630, cuando Rústico, que era obispo de Cahors, fue asesinado, Desiderio le sucedió en el cargo y fue consagrado por el obispo de Bourges, Sulpicio. Ha quedado una correspondencia interesante, gran parte de la cual dirigida a sus amigos de juventud, la mayoría obispos como él. Como obispo construyó muchas iglesias, monasterios y otros edificios de servicio públicos, sin olvidarse del cuidado pastoral. Fundó el monasterio de San Amando, llamado después de Saint-Géry, en Cahors y durante su episcopado se fundó la célebre abadía de Moissac. Su cuerpo fue sepultado en el monasterio de San Amando que tomó su nombre, luego sus restos fueron trasladados a la catedral, y en 1581 las sagradas reliquias fueron dispersadas por los hugonotes.

San Sidonio. M. c. 690. 
Martirologio Romano: En Rouen, de Neustria, san Sidonio, abad, oriundo de Irlanda, que hizo vida monástica primero en Jumièges, después en el monasterio de Herio, en la isla de Noirmoutier, bajo la dirección de san Filiberto, y finalmente en el monasterio de Saint-Saens por él fundado.
De origen irlandesa. Llegó a Normandía junto con san Furseo. Allí se relacionó con los santos Audoeno de Rouen y Leutfrido. En el 644, ingresó en el monasterio benedictino de Jumiéges durante el abadiato de san Filiberto de Jumiéges; fue nombrado por san Audoeno primer abad de un pequeño monasterio que este obispo había fundado en Rouen, y que más tarde se llamó Saint-Säens. 

Santos Marino y Aniano. s. VII/VIII. 
Martirologio Romano: En el monte Irschenberg en Baviera, en Alemania, santos Marino, obispo, y Aniano, mártires.

San Fintano de Rheinau. (c.800 - c.879).  
Martirologio Romano: En Rheinau, entre los helvecios (hoy Suiza), san Fintano, procedente de Irlanda, que vivió mucho tiempo en un monasterio, pero después se recluyó en una pequeña celda, junto a la iglesia, escondido por amor de Dios.
Natural de Leinster (Irlanda) en el seno de una noble familia, fue capturado por los piratas y llevado como esclavo en las Orcadas, pero consiguió huir a Escocia; marchó en peregrinación a Roma donde se hizo benedictino en la abadía de Farfa. Se trasladó a la abadía suiza de Rheinau, cerca de Schaffhouse, donde tuvo el permiso de vivir como recluso en una celda junto a la iglesia, durante 22 años hasta que murió. Vivió siempre unido al amor de Dios.  

Eneas de Faenza. Beato. M. 1437. 
No se conoce nada de su vida. Aparece en un fresco de la iglesia de los siervos de María de Faenza. Su culto no está reconocido por la Santa Sede. Se puede decir que es beato por voluntad popular.

Cayo Coreano. Beato. M. 1627. 
Martirologio Romano: En Nagasaki, del Japón, beato Cayo Coreano, mártir, que, siendo catequista, por confesar a Cristo fue condenado a la hoguera.
Nació en Corea y, todavía sin ser cristiano, vivió como eremita a una gruta buscando su camino. Cuando los japoneses de Hideyoshi invadieron Corea, fue apresado, embarcado y llevado a Meaco donde llegó en pésimas condiciones de salud. Recuperado, ingresó en un monasterio budista donde no encontró la paz que buscaba. Entonces un neófito cristiano, lo condujo a la misión de los jesuitas donde escuchó el evangelio, y esto le conmovió profundamente. Allí conoció la fe y se bautizó, y llegó a ser un apasionado catequista y enfermero de leprosos, se le llamaba el "pequeño apóstol". 
Llegada la persecución de 1614, se marchó a Filipinas, pero dos años más tarde regresó a su trabajo de catequista en la clandestinidad. Estaba visitando a unos cristianos encarcelados en 1626, cuando fue arrestado. Le fue prohibido predicar la palabra, pero dijo que esto no era posible. Su martirio fue cruel, fue quemado lentamente en Nagasaki, se le soltaron las cuerdas por el fuego, se arrodilló, dio gracias a Dios y consumó su martirio. Fue beatificado en 1867 por el papa Pío IX.