28 de noviembre de 2014

Beatos FRANCISCO ESTEBAN LACAL, VICENTE BLANCO GAUDILLA y 11 compañeros. M. 1936.


Martirologio Romano: En Paracuellos de Jarama, Madrid, España, beatos Francisco Esteban Lacal, Vicente Blanco Guadilla, Gregorio Escobar García, Ángel Francisco Bocos Hernández, Juan José Caballero Rodríguez, Justo Gil Pardo, Marcelino Sánchez Fernández, Publio Rodríguez Moslares, José Guerra Andrés, Eleuterio Prado Villaroel, Daniel Gómez Lucas, Justo Fernández González, Clemente Rodríguez Tejerina, sacerdotes, clérigos y religiosos, todos ellos miembros del Instituto de Misioneros Oblatos de María Inmaculada, muertos en época de la Guerra Civil por venerar el nombre de Cristo.


Francisco Esteban Lacal (1888-1936). Nació en Soria. Hizo sus primeros votos en la Congregación de los Misioneros Oblatos en 1906 en el convento de Urnieta (Guipúzcoa). En 1911 fue a Turín (Italia) y allí completó los estudios eclesiásticos y recibió las Órdenes Sagradas que culminaron con el Presbiterado en 1912. Al año siguiente se incorporó, como profesor, a la Comunidad del Seminario Menor de Urnieta, donde estará hasta 1929.

Este año fue destinado a Las Arenas (Vizcaya) como auxiliar del Maestro de Novicios. Un año más tarde, en 1930, regresa a Urnieta como Superior; sigue siendo profesor, primero como Superior y, dos años más tarde, también como Provincial, cargo para el que fue nombrado en 1932. En 1935 trasladó su residencia a Madrid, a la casa que ya tenían los Oblatos en la calle de Diego de León. Allí acogió, a un grupo de Oblatos que, detenidos en su Comunidad de Pozuelo de Alarcón y llevados después a la Dirección General de Seguridad, fueron puestos en libertad el 25 de julio de 1936. 
Con ellos y con los que ya anteriormente estaban en la Comunidad con él, sufrió las angustias de la persecución religiosa en Madrid y la experimentó directamente cuando el 9 de agosto de 1936 fue expulsado, con sus hermanos Oblatos, de su propia Comunidad de Diego de León. Con ellos va a refugiarse a una pensión situada en la calle Carrera de San Jerónimo. El día 15 de octubre fue detenido. Los van recluyendo en la Cárcel Modelo y es precisamente ahí, en el infortunio, donde, expresando de manera clara sus profundas convicciones evangélicas, se animaban mutuamente y animaban también a otros. Todo ello, en cuanto les era permitido, desde la oración y la vivencia con espíritu de fe de las humillaciones y malos tratos de que eran objeto. Teniendo en cuenta que en el mes de noviembre en Madrid el clima, a veces, es frío, en la cárcel se hacía intensamente frío por carecer del indispensable abrigo, ya que de lo poco que podían disponer hacían participantes a otros que les parecían más necesitados. El Padre Francisco Esteban hizo entrega de su propio abrigo a uno de sus compañeros de prisión. Además del frío, “compañeros” de prisión eran también el hambre y los parásitos, porque la higiene era muy deficiente.
 El procedimiento fue el mismo para todos. No hubo acusación, no hubo juicio, no hubo defensa, no hubo explicaciones Solo se sabe que el 28 de noviembre de 1936 fueron sacados de la cárcel, conducidos a Paracuellos de Jarama y allí ejecutados. El mayor de ellos, el beato Vicente Blanco, superior del seminario, tenía 54 años y el más joven, el beato Clemente Rodríguez, profeso temporal, 18. El resto de las edades iban desde los 5 a los 20 años.
Todos ellos murieron haciendo profesión de fe y perdonando a sus verdugos. De los 22 Oblatos que, a pesar de las torturas psicológicas durante el cruel cautiverio, ninguno apostató, ni decayó en la fe, ni lamentó haber abrazado la vocación religiosa.

Vicente Blanco Guadilla. (1882-1936). Nació en Frómista (Palencia), en el seno de una familia de humildes labradores. En 1895 ingresó en el seminario menor de Ntra. Sra. del Soto, en la provincia de Santander, pequeña casa de formación que los Oblatos acababan de abrir. Dos años más tarde dicho seminario se trasladó a Urnieta (Guipúzcoa) y allí terminará Vicente sus estudios secundarios. En esos años de juniorado aseguran los testigos que llamaba la atención por su rectitud y firmeza en el deseo de ser religioso y misionero. En 1900 es enviado a Francia para comenzar el año de Noviciado en Notre Dame de L’Osier, y allí mismo hizo los primeros votos, en 1901.
Trasladado a Roma para hacer los estudios eclesiásticos, hizo en la Ciudad Eterna la Profesión Perpetua. En Roma también, y más concretamente en la Basílica del Salvador (San Juan de Letrán), fue ordenado sacerdote en 1906. Después de algunos años como profesor en el Juniorado de Urnieta, desempeña allí mismo el cargo de Superior. Durante ocho años fue Maestro de Novicios en Urnieta y en Las Arenas (Vizcaya). Varios de sus novicios, sobre todo de los últimos años, serán, de nuevo, sus alumnos y miembros de su misma comunidad en el escolasticado de Pozuelo, pues a esa casa fue destinado, como Superior, en 1932. Entregado principalmente a sus tareas de superior y profesor, el P. Blanco encontraba tiempo también para dedicarse a trabajos pastorales, ayudando en la parroquia del pueblo, confesando y predicando en los conventos de religiosas existentes en aquella localidad.
Por parte de los Oblatos que le han conocido como superior y profesor, abundan también en señalar su gran calidad espiritual. Son numerosos los testimonios. He aquí alguno: “Ocho generaciones de novicios pasaron por su escuela de formación religiosa. Me atrevo a pensar que no haya ninguno que no le haya profesado veneración, respeto y estima, y es que no era un religioso vulgar, sino un varón de gran virtud, en especial de una gran prudencia, sólida piedad, celoso y abnegado con los intereses de la Congregación, amante de la Iglesia, austero y, al mismo tiempo, hombre de gran corazón; era, además, profundamente humilde, rígido consigo mismo, pero comprensivo e indulgente con los demás”. “Se distinguía por su observancia religiosa, que era estímulo para toda la comunidad” y le llamaban “el Santo Padre Blanco”.
El 18 de julio de 1936, después de haber predicado el retiro de preparación para los primeros votos al grupo de jóvenes que dos días antes había terminado su año de noviciado, el P. Blanco regresa a su comunidad de Pozuelo. La guerra civil acababa de comenzar.
En su propia casa, es detenido con toda la comunidad el 22 de julio de 1936. Es llevado a la Dirección General de Seguridad en Madrid y puesto en libertad el 25 de julio del mismo año. Después de casi tres meses de vida clandestina, el 15 de octubre es detenido de nuevo y el 28 del mes de noviembre es martirizado. 

Gregorio Escobar García. (1912-1936). Nació en Estella (Navarra). A los 12 años, ingresa en el seminario menor de los Misioneros Oblatos en Urnieta (Guipúzcoa). Terminados los estudios secundarios, inicia el noviciado en Las Arenas (Vizcaya) y hace su primera profesión religiosa en 1930. Pasa a Pozuelo (Madrid) para hacer los estudios eclesiásticos, que tendrá que interrumpir en 1934 por ser llamado a filas. Terminado el año de servicio militar, se reincorpora a la comunidad oblata de Pozuelo y hace su profesión perpetua en 1935. Un año antes de terminar los estudios de teología, el 6 de junio de 1936, es ordenado sacerdote en Madrid.
El 22 de julio el convento de los Oblatos fue asaltado por los milicianos, y Gregorio, con todos los miembros de su comunidad, quedó hecho prisionero en su propia casa. Dos días más tarde es llevado a la Dirección General de Seguridad en Madrid, donde el 25 del mismo mes fue puesto en libertad. Tras una vida en clandestinidad, el 15 de octubre es detenido de nuevo y martirizado con sus compañeros el 28 de noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama.
Y tenía sólo 16 años y, por supuesto, ni siquiera había hecho el noviciado... Hay muchas cartas de Gregorio, celosamente conservadas por su hermana Puy. Todas son edificantes. Extraemos un párrafo de una, escrita mientras se preparaba para la ordenación sacerdotal:
“Siempre me han conmovido hasta lo más hondo los relatos de martirio. Siempre, al leerlos, un secreto deseo me asalta de correr la misma suerte. Ése sería el mejor sacerdocio al que podríamos aspirar todos los cristianos: ofrecer cada cual a Dios el propio cuerpo y sangre en holocausto por la fe. ¡Qué dicha sería la de morir mártir.

Juan José Caballero Rodríguez. (1912-1936). Nació en Fuenlabrada de los Montes (Badajoz). La Providencia quiso que familiares del P. Francisco Esteban (quien será más tarde su Provincial y compañero de martirio) entraran en relación con él. La familia Esteban Lacal le prestó ayuda económica y esto facilitó a Juan José el ingreso en el seminario menor de los Misioneros Oblatos en Urnieta. Allí mejoró mucho en su dedicación al estudio y a la práctica de las virtudes.
Terminados los estudios secundarios, pasó a Las Arenas para hacer el noviciado e hizo su primera profesión religiosa en 1930. En 1931, ante la persecución desatada contra la Iglesia en Madrid, conocida como “la quema de conventos”, por razones de seguridad, vuelve con sus hermanos de comunidad a Urnieta. Más tarde, ya de nuevo en Pozuelo, tuvo que incorporarse al servicio militar y fue destinado al Norte de África. El tiempo vivido en ese continente contribuyó a aumentar su inquietud y vocación misionera. De vuelta a Pozuelo, hace su oblación perpetua el 25 de febrero de 1936 y unos meses después recibe el subdiaconado. Pero dos semanas más tarde las ilusiones que había puesto en el sacerdocio, cada vez más cercano, se ven truncadas por el comienzo de un calvario que culminaría en el martirio.
Joven de gran personalidad, vivía con la preocupación de fomentar el buen espíritu e su comunidad. Era emprendedor, metódico y perseverante en cuanto acometía. Su característica más sobresaliente: fuerte inquietud misionera que contagiaba a sus hermanos de comunidad. 
No tenemos muchos sobre su martirio. Citamos la carta del el P. Emilio Alonso, a un hermano del mártir:
“Recientemente estuve en Madrid y he aquí los datos que he podido recoger sobre él. Fue detenido en la noche del 28 de octubre y conducido a la cárcel Modelo. De allí fue trasladado a la cárcel de San Antón en la noche del 15 de noviembre. En la noche del 28 del mismo mes fue “sacado” con otros muchos, entre ellos 12 Oblatos más, y llevado con rumbo desconocido. No se ha vuelto a saber más de aquella expedición, que se llamó expedición de Muñoz Seca, porque en ella iba el ilustre comediógrafo”. 

Publio Rodríguez Moslares. (1912-1936). Nació en Tiedra (Valladolid).
Tenía un carácter simpático, abierto, luchador, proselitista, francote, bueno. Trabajó mucho para llevar a buen camino a dos de sus hermanos que no comulgaban del todo con sus ideas, aunque por otro lado eran muy buenos. Les escribía cartas desde el juniorado y en vacaciones discutía con ellos. Tenía espíritu misionero y suspiraba por las Misiones, espíritu que supo infundir en su casa, sobre todo a su hermana, maestra nacional”. “Supo soportar con entereza y alegría las cárceles de Madrid y cuando provisionalmente le dieron libertad, fue sobre todo él quien hizo de enlace entre sus compañeros de calvario y sus Superiores, yendo de un sitio para otro”.
Tras ser sacado del convento y ser liberado de la primera prisión, no teniendo a dónde ir, se refugió, con el P. Vicente Blanco y algunos oblatos más, en una familia conocida. Dice la hija:
Al abandonar la casa, Publio dijo a mi madre: `No sufras, yo voy a volver, pero si me pasa algo o me matan, piensa que estaré con Dios y te ayudaré’. Publio parece que tenía muy claro que lo iban a matar”.
Y así fue. Al terminar la guerra su familia fue a Madrid.
“Mi madre se había enterado que Publio había estado en la cárcel Modelo y quería ir allá....Entre aquellas ruinas, ella buscaba en las diversas celdas y corredores. De repente comenzó a gritar: ¡Aquí, aquí! Y se introdujo en un habitáculo pequeño. Entramos con ella y vimos toda la pared escrita. Pude ver cómo en un rincón había unas palabras que destacaban más que las otras, porque estaban escritas en rojo, y que decían: `Madre, me llevan a matar, muero por Dios (...) No llores, me voy con Dios.’¡Viva Cristo Rey! Y firmaba Publio.
Ella se arrodilló, besó la pared, y con una especie de navaja, cortó un trozo de la pared donde estaba la inscripción. Fue entonces cuando me enteré que lo habían llevado a matar a Paracuellos del Jarama. ”. 

Justo Gil Pardo
. (1910-1936). Nació en Lukin (o Lúquin) (Navarra). Pensaba entrar en el seminario diocesano, pero quería ser también misionero. El cura de un pueblo vecino, D. José María Sola, le orientó al juniorado de los Oblatos. Tenía entonces unos 15 años. Las etapas de su formación religiosa y eclesiástica serán, como para los otros dos: Urnieta (Guipúzcoa) Las Arenas (Vizcaya) y Pozuelo (Madrid). Fue ordenado de Diácono en Madrid el 6 de junio de 1936, al terminar tercer año de teología, y esperaba la ordenación sacerdotal en el transcurso del año siguiente. 
El 22 de julio de 1936 Justo fue detenido con todos los miembros de la comunidad oblata de Pozuelo y hecho prisionero en su propio convento. Dos días más tarde es conducido a la Dirección General de Seguridad en Madrid y puesto en libertad al día siguiente. Vive en la clandestinidad, refugiándose en diversas casas. Gracias a su hermano benedictino, sabemos algo de sus idas y venidas por aquel Madrid alborotado y hostil con todo lo religioso. Había que protegerse y Justo acude primero a casa de un hermano suyo que vive en la Travesía del Horno de la Mata 7. Veamos el relato de Pedro:
“Mi hermano fue a casa de nuestro hermano Raimundo. Estuvo oculto en ella durante nueve días, hasta que los comentarios de la vecindad hacían peligrar, tanto la vida de Justo como la de su hermano y esposa Teresa. Por esta razón, Teresa llevó a mi hermano Justo a la casa provincial de los Oblatos, donde lo acogieron, y estuvo allí hasta el día siguiente en que pasó a una pensión cuyos dueños eran conocidos de Raimundo. Mi hermano Justo conocía esa pensión porque daba clases de música a uno de los hijos de los dueños. En allí estuvo durante dos meses y medio: desde el 1 de agosto al 15 de octubre de 1936. Lo detuvieron como consecuencia de un registro general y lo llevaron a la cárcel Modelo”.
Allí en la cárcel Modelo de Madrid se encontró con sus hermanos Oblatos. Después de un mes, lo trasladan al colegio escolapio de de San Antón que había sido convertido en cárcel. Fue su última mansión. En una de las “sacas” de la noche del 27 al 28 de noviembre formó parte, como varios de sus hermanos Oblatos, de la lista de quienes, bajo apariencia de ser puestos en libertad, fueron llevados a Paracuellos del Jarama para ser ejecutados.

Ángel Francisco Bocos Hernández. (1883-1936). Nació en Ruijas (Cantabria), diócesis de Santander. Cuando llamó a las puertas del noviciado oblato tenía 17 años. Inició su andadura religiosa como Oblato con miras a consagrar su vida a Dios como hermano (religioso no sacerdote), en 1900. Hizo su primera oblación temporal en 1901 y su oblación perpetua en 1907. En sus 35 años de vida consagrada estuvo en distintas comunidades oblatas: Madrid, Aosta y San Giorgio Canavese (Italia), Notre Dame de Lumières (Francia). Al regresar a España, en 1925., le destinan primeramente al noviciado de Las Arenas (Vizcaya), luego, en 1929, al abrirse el escolasticado en Pozuelo (Madrid), pasa a formar parte de esta comunidad, prestando valiosos servicios, sobre todo en la cocina.
Fue hecho prisionero con toda la comunidad el 22 de julio de 1936, llevado después a Madrid y puesto en libertad el 25 de julio. El hermano Ángel Bocos trata de buscar refugio seguro, pero el 15 de octubre es de nuevo detenido y llevado a la Cárcel Modelo donde se encontrará con casi todos los Oblatos de Pozuelo. Un mes más tarde le trasladan a la cárcel de San Antón y desde allí, el 28 de noviembre de 1936, lo “sacan” para ejecutarlo con otros doce Oblatos en Paracuellos del Jarama. 

Marcelino Sánchez Fernández
. (1910-1936). Nació en Santa Marina del Rey (León). Ingresa en el juniorado de los Misioneros Oblatos de Urnieta (Guipúzcoa). En 1935, después de siete años de votos temporales, hace su oblación perpetua y se siente ya plenamente integrado en la Congregación a la que siempre ha mostrado gran cariño. Se le recuerda como un religioso ferviente, devoto de la Virgen, cuyo rosario lleva siempre consigo, obediente, responsable y servicial. Dotado de buena voluntad y amante de su vocación religiosa, sigue fiel a ella, a pesar de los contratiempos y achaques de salud que le impiden continuar sus estudios y acepta con humildad el abandonar su proyecto de ser sacerdote para continuar en la vida religiosa como hermano coadjutor. Se dedicó a la sastrería.
El 22 e julio de 1936 es detenido con toda la comunidad oblata en Pozuelo de Alarcón; prisionero con todos, es llevado a la Dirección General de Seguridad situada en la plaza Puerta del Sol, centro de Madrid. Al día siguiente recobra la libertad. En una redada general es detenido de nuevo y llevado a la Cárcel Modelo en Madrid. El 15 de noviembre de 1936 es trasladado a la Cárcel de San Antón (colegio de los Escolapios transformado en prisión), y durante la noche del 27-28 del mismo mes es “sacado” para ser martirizado en Paracuellos del Jarama, a pocos kilómetros de Madrid.

José Guerra Andrés. (1914-1936). Nació en León. Desde muy joven se entusiasmó con la vocación misionera y en 1926 ingresó en el seminario menor de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en Urnieta (Guipúzcoa). Allí cursó los estudios secundarios que le prepararon intelectual y espiritualmente para ingresar en el noviciado en Las Arenas (Vizcaya) en 1931 e hizo sus primeros votos en 1932.
Quienes le conocieron dicen de él que “era un joven pacífico, de trato agradable, enfrascado en su gran afición que era la pintura y que se le daba de maravilla. Con ella prestó buenos servicios. Efectivamente, cada vez que se necesitaba un cartel o un paisaje para decorar un escenario, allí esta Guerra con su pinceles”.
Incorporado en la comunidad del Escolasticado de Pozuelo, inicia sus estudios eclesiásticos. Cuando ya había terminado el segundo año de teología y tenía ante la vista la oblación perpetua, el 22 de julio de 1936, fue detenido con toda la comunidad religiosa y hecho prisionero en el mismo convento. Llevado a la Dirección General de Seguridad el 24 de julio, recupera la libertad que le permite refugiarse con otros Oblatos por diversas casas. El 15 de octubre fue detenido nuevamente con los demás Oblatos y encarcelado. 
“Sobre la vida que llevaban en la cárcel, dice un testigo, quiero señalar dos aspectos. Uno fue la dedicación que tuvieron los religiosos hacia los demás prisioneros, en cuestión de enseñanza y caridad, dentro de sus posibilidades. Intentaban vivir una vida de piedad, rezando el Rosario.
“El segundo aspecto era el trato que recibían por parte de los carceleros. Fue muy duro, intentando separar a los más jóvenes, buscando que blasfemasen y que apostataran de la fe, comentando entre los milicianos que si no podían con los más jóvenes, con los mayores sería imposible. ‘Éstos no tienen remedio’ decían los milicianos. Llegaban inclusive al maltrato físico dándoles culatazos en los pies, siendo ésta una de las torturas más frecuente”. (...) “Las condiciones físicas eran muy duras porque no les daban de comer con regularidad y además la comida era mala. Apelotonamiento en las celdas, pasando frío... En la cárcel de San Antón el hacinamiento era tal que algunas noches tenían que dormir de pie”. 
El 28 de noviembre José Guerra fue sacado de la cárcel con doce de sus hermanos e inmolado en Paracuellos del Jarama.

Daniel Gómez Lucas. (1916-1936). Nació en Hacinas (Burgos) en el seno de una familia de labradores y ganaderos. A los 12 años Daniel ingresa en el seminario menor de los Oblatos de Urnieta (Guipúzcoa).Daniel descubrió allí y en ese tiempo la persecución religiosa, pues ya se apreciaba en aquellos años, en ambiente totalmente distinto al de su pueblo natal. Cuando los seminaristas salían de paseo al vecino pueblo de Hernani, por ejemplo, les tiraban piedras y los insultaban. A pesar de ese clima hostil, Daniel siguió adelante en el camino emprendido y llegó al noviciado de Las Arenas, donde hizo su primera profesión en 1935 y pasó a Pozuelo para proseguir los estudios eclesiásticos. Destacaba en él la tenacidad para cultivar la vida interior y sacar adelante los estudios a los que dedicaba mucho tiempo y entusiasmo. Era gran aficionado a cualquier deporte. Aparecía siempre de buen humor, optimista y confiado.
Tras la detención en el convento de Pozuelo, el traslado a la Dirección General de Seguridad y la consiguiente puesta en libertad el 25 de julio, los quince jóvenes Oblatos, se encuentran sin documentación alguna, en un Madrid desconocido para la mayoría de ellos. Se organizaron, siguiendo las orientaciones de los superiores, formando pequeños grupos para no levantar sospechas y poder encontrar refugio. Daniel se quedó el último y se refugió en la casa del sastre, José Vallejo, que les hacía las sotanas, donde ya había sido amparado el mayor grupo de Oblatos. Esta familia los acogió hasta la segunda y definitiva detención, el 15 de agosto. Doña Dulce, la mujer del sastre, los visitaba después en la cárcel, donde permanecieron unos tres meses, y les llevaba las noticias de los Oblatos en libertad.
Daniel permaneció en la cárcel Modelo hasta mediados de noviembre, cuando los últimos trece Oblatos que habían de ser martirizados fueron trasladados al Colegio de los Escolapios de la calle Hortaleza de Madrid, habilitado como cárcel y a la que se le conocía como “Cárcel de San Antón”. El 28 de noviembre fue “sacado” de la cárcel con otros doce Oblatos para ser inmolado con ellos, ese mismo día, en Paracuellos del Jarama. 

Justo Fernández González. (1916-1936). Nació en Huelde (León) en el seno de familia humilde y sencilla de labradores. Ingresó en los Oblatos de María Inmaculada.
Era el 16 de julio de 1936. Sólo seis días después, el 22 de julio, sería detenido con todos los miembros de la comunidad oblata de Pozuelo. Tras dos días de prisión en el propio convento convertido en cárcel, es llevado con sus compañeros al centro de Madrid, Dirección General de Seguridad. Justo, con sus hermanos Oblatos, al día siguiente se encuentra en libertad, pero desorientado, en la Capital de España sin saber a dónde ir. Se refugia con un primo suyo en casa de una familia, hasta que es detenido otra vez y conducido a la Cárcel de San Antón. De aquí fue “sacado” con otros doce Oblatos el 28 de noviembre de 1936 para ser martirizado en Paracuellos del Jarama.

Clemente Rodríguez Tejerina. (1918-1936). Nació en Santa Olaja de la Varga (León). Con sólo 11 años sale ilusionado de la casa paterna para dirigirse al juniorado o seminario menor que los Oblatos tenían en Urnieta (Guipúzcoa). En 1934 comenzó el noviciado en Las Arenas (Vizcaya) e hizo su primera oblación en 1935. Ese mismo día por la noche viajaron en tren hacia Pozuelo (Madrid) y, pasado el tiempo de vacaciones en comunidad, Clemente comenzó sus estudios eclesiásticos. Se dedicaba con mucha seriedad a su formación religiosa e intelectual. En el trato era todo bondad y mansedumbre. No pisaba con ruido, pisaba con seguridad. Era el hombre bueno y servicial.
Apenas terminado el primer curso, el 16 de julio de 1936, Clemente renovó sus votos y seis días más tarde, el 22 de julio, fue detenido con toda la comunidad en el propio convento y, dos días después, llevado con todos a Madrid, a la Dirección General de Seguridad, para ser puesto en libertad al día siguiente.
Después de refugiarse primero en la casa provincial y después, al ser esta confiscada, pasó a una pensión. El 15 de octubre de 1936 fue detenido de nuevo y llevado a la Cárcel Modelo. En ella encuentra a aquellos Oblatos a quienes no había visto desde la salida de Pozuelo y posteriormente, junto con sus hermanos religiosos, será trasladado a San Antón. De allí es “sacado” junto con otros 12 Oblatos y martirizado en Paracuellos del Jarama el 28 de noviembre de 1936.

Eleuterio Prado Villarroel. (1915-1936). Nació en Prioro (León), pertenecía a una familia de humildes labradores.  Inició los cursos secundarios en el juniorado de los Oblatos de Urnieta (Guipúzcoa). Tenía alguna dificultad para los estudios y optó por seguir en la Congregación como Hermano Oblato.Así pues, hizo el noviciado en calidad de Hermano Coadjutor y emitió los primeros votos en 1928. En 1930 se abre la nueva casa del escolasticado en Pozuelo y es destinado a esta comunidad. En 1935 hace la oblación perpetua y queda integrado para siempre en la Congregación de los Misioneros Oblatos hacia la que siempre ha demostrado gran cariño.
Era piadoso y afable. A Teyo siempre se le veía contento, servicial y animador. Era muy mañoso sobre todo en ebanistería, que fue su principal cometido.
En su comunidad de Pozuelo le sorprende la invasión de los milicianos que se adueñan de la casa el 22 de julio de 1936. Detenido con sus hermanos de comunidad, tras la ejecución nocturna de seises Oblatos y un padre de familia, es trasladado a Madrid y, puesto en libertad, acude buscando refugio a la casa provincial de la calle Diego de León. Allí permanece hasta el 10 de agosto, fecha en que expulsan a toda la comunidad, incautándose de la casa, y encuentran refugio en una pensión en la Carera de San Jerónimo.
Allí vive escondido hasta que el 15 de octubre, fecha en que es detenido de nuevo y llevado a la Cárcel Modelo y trasladado después a la de San Antón, de la que se “sacarán” el 28 de noviembre de 1936 para ser martirizado en Paracuellos. 
En la comunidad de Pozuelo destacaba por la alegría y generosidad con las que prestaba toda clase de servicios en las faenas más humildes. Eleuterio no perdió su carácter jovial y optimista, no exento de virtud sobrenatural, en los momentos de persecución y cautiverio previos al martirio, dando ánimos a los compañeros de prisión. Fueron beatificados por SS Benedicto XVI el 11 de abril de 2011.