9 de septiembre de 2014

San PEDRO CLAVER. (1580-1654).


Martirologio Romano: San Pedro Claver, presbítero de la Compañía de Jesús, que en Nueva Cartagena, ciudad de Colombia, durante más de cuarenta años consumió su vida con admirable abnegación y eximia caridad para con los esclavos negros, bautizando con su propia mano a casi trescientos mil de ellos.


Natural de Verdú (Lérida). Sus padres eran unos modestos labradores. Como era el segundo hijo, con 15 años recibió la tonsura clerical en su pueblo y, apadrinado por un tío canónigo, se trasladó a Barcelona para estudiar gramática en el Estudio General de la Universidad. La muerte de su madre y hermano decidió su entrada en el noviciado de los jesuitas de Belén de Barcelona (1602). "Buscar a  Dios en todo, y en todo procurar hallarle; hacerlo todo a mayor gloria de Dios; ejercitarse en tan perfecta obediencia que, por amor a Jesucristo, someta mi voluntad y mi juicio al superior, como Jesús cuyo lugar ocupa; no buscar en este mundo sino lo que Cristo buscó en él, la salvación de las almas; y, para ello, arrostrar con buen animo y amor los padecimientos y hasta la misma muerte". 
De su formación en Barcelona, pasó a Montserrat o Gerona donde permaneció tres años. Luego le mandaron a estudiar al colegio de Montesión en Palma de Mallorca. La valoración de sus superiores fue muy negativa: “Discernimiento inferior a la media; escasa circunspección en los negocios; mediocre perfil en las letras. Bueno para predicar a los indios”. Allí san Alonso Rodríguez, le aconsejó que se marchase de misionero "porque allá en las Indias tendría que padecer mucho". Estudió Teología en Barcelona, y de allí marchó a Cartagena de Indias donde hizo la profesión perpetua de su vida y fue ordenado sacerdote en 1615, añadiendo a su firma "esclavo de los negros para siempre". Durante 44 años se dedicó a la redención material y espiritual del esclavo negro, bautizando a más de 300.000. Todo le parecía poco para socorrer a los negros, a los presos de la Inquisición, a los extranjeros que capturaban las naves españolas, y cuando no se desvivía por los demás, rezaba y adoraba por la noche al Santísimo Sacramento. 
Toda su vida era visitar, catequizar, consolar, y cuidar a sus queridos negros, en caminatas incansables, sobre todo a los más abandonados y a los enfermos más repugnantes. Toda su vida fue un tejido de heroísmos increíbles. No le importaba la hediondez ni la incomprensión de otros. A un negro abandonado de todos, lo estuvo atendiendo semanalmente durante catorce años. A un negro llagado a quien nadie socorría por lo repugnante de su aspecto y olor, lo visitó cuatro veces al día durante muchos meses. A otro hermano negro lo acogió en su propio aposento, con escándalo de los de casa, y le cedió su propia cama hasta que le encontró otro acomodo más confortable.
Teóricamente es fácil negar la segregación racial. Pedro Claver la vivió. En su iglesia no había bancos para blancos y bancos para negros. Unas señoras muy "devotas" protestaron: los negros daban mal olor y se perdía la devoción. Sería mejor una capilla aparte para ellos. Pedro les contestó: “mis negros están lavados con la sangre de Jesucristo, y son hijos de Dios con los mismos títulos que lo sois vosotras”. Y si las señoras querían confesarse con él, tenían que hacer cola detrás de las esclavas. En 1650, la peste se abatió sobre Cartagena. Pedro se multiplicó atendiendo a todos, hasta que cayó él mismo. Quedó paralítico y se hizo atar sobre un caballo para visitarles, hasta que ya no pudo moverse más. Sus últimos años los pasó inmóvil en su rincón; le cuidaba un esclavo que lo maltrataba, porque no entendía qué necesidades podía tener un blanco. 
Fue canonizado en 1888, al mismo tiempo que su amigo san Alfonso Rodríguez por SS León XIII. El Papa León XIII lo declaró patrón de todas las misiones entre los negros en todas las partes del mundo. MEMORIA FACULTATIVA.

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