14 de agosto de 2015

Santos DOMINGO IBÁÑEZ DE ERQUIZA y FRANCISCO SHOYEMÓN. M. 1633.


Martirologio Romano: En Nagasaki en Japón, santos mártires Domingo Ibáñez de Erquiza, sacerdote de la Orden de Predicadores, y Francisco Shoyemon, novicio de la misma Orden y catequista, ejecutados por odio al nombre de Cristo bajo el comandante supremo Tokugawa Yemitsu

Domingo nació en Régil, Guipúzcoa. Ingresó en los dominicos en el convento de San Telmo de San Sebastián. Cuando todavía era estudiante se alistó para predicar el evangelio en el Lejano Oriente y en 1611 se encontraba en Manila, donde recibió la ordenación sacerdotal. Le fue encomendado el ministerio en Pangasinán, Binondoc y por último en Manila, como profesor en el colegio de Santo Tomás. En el año 1622 sólo quedaban dos misioneros en el Japón y los superiores decidieron enviar a cuatro religiosos más. 
El padre Domingo fue uno de ellos y en octubre de 1623 desembarcó en Nagasaki, con tan mala suerte que nada más llegó el edicto shogunal que prohibía a los españoles permanecer en el país y cortaba radicalmente las relaciones con Filipinas. Los religiosos zarparon, pero tras navegar unas leguas, una embarcación preparada por el padre san Domingo Castellet les convenció para que regresaran y comenzaron una vida de clandestinidad. Superior de la misión durante diez años, el padre Ibáñez realizó heroicos esfuerzos por ayudar a los cristianos perseguidos. Ayudó a san Melchor de San Agustín y a san Martín de San Nicolás, para que pudieran esconderse, cuando llegaron como misioneros a Japón. 
Muy buscado por las autoridades, fue detenido y recluido en la cárcel de Nagayo, en Ômura. Por negarse a apostatar fue condenado al tormento de la horca y la hoya; los verdugos bajaban y subían su cuerpo de manera que su cabeza se introducía en una hoya hedionda. En esta tortura murió el 14 de agosto. Su cadáver fue reducido a cenizas para que los cristianos no lo pudieran venerar. 

De Francisco se desconoce la fecha y el lugar de su nacimiento, pero se sabe que fue catequista y compañero del padre Domingo Ibáñez desde su llegada al Japón. Fue un apoyo incondicional para el misionero no sólo porque le enseño la lengua, sino también en la preparación de los catecuménos e incluso en la predicación de la palabra. Parece que llegó a hermano cooperador dominico. 
Compartió con el misionero la cárcel de Nagayo desde su arresto en 1633 y, estando ya en prisión, recibió el hábito de de los hermanos cooperadores e inició su noviciado que culminaría con la muerte. Murió en el tormento de la horca y la hoya, su cuerpo fue descuartizado y reducido a cenizas y esparcido en el mar.