8 de agosto de 2015

Santo DOMINGO DE GUZMÁN. (c.1170 - 1221).


Martirologio Romano: Memoria de santo Domingo, presbítero, que siendo canónigo de Osma se hizo humilde ministro de la predicación en los países agitados por la herejía albigense y vivió en voluntaria pobreza, hablando siempre con Dios o acerca de Dios. Deseoso de una nueva forma de propagar la fe, fundó la Orden de Predicadores, para renovar en la Iglesia la manera apostólica de vida, mandando a sus hermanos que se entregaran al servicio del prójimo con la oración, el estudio y el ministerio de la Palabra


Nació en Caleruega (Burgos). Hijo de la beata Juana de Aza. Su familia eran propietarios del señorío de Caleruega. Su tío, el santo arcipreste de Gumiel, fue su preceptor. Cursó artes liberales y Teología en el Estudio general de Palencia, que luego se convertirá en Universidad. Ya en su época de estudiante se sintió comprometido con los pobres: vendió sus libros y su ajuar de estudiante para fundar “una limosna” o institución de ayuda a los necesitados. Decía: ”No quiero estudiar sobre pieles muertas, mientras mis hermanos los hombres mueren de hambre”. 
Sacerdote y canónigo de Osma, fue nombrado subprior del convento de Canónigos Regulares en el que se había transformado el capítulo catedralicio. Acompañó a su prelado, el beato Diego de Azevedo, en una legación hasta Dinamarca, en nombre del rey Alfonso VIII que quería preparar el matrimonio de uno de sus hijos (Fernando) con una princesa danesa. Tuvieron que hacer dos viajes a Dinamarca; al final del segundo viaje, la novia murió. Atravesando el sur de Francia, Domingo conoció la nefasta influencia de las herejías de albigenses y cátaros (y más tarde de los valdenses) y descubrió la urgencia de predicar la verdad, ya que observó como se intentaba atajar la herejía, por medio de las armas y la tortura. Con este fin organizó una misión, fundando en Prouille, junto a Toulouse, un convento de religiosas dominicas (bajo la regla de las agustinas regulares) para apoyar su apostolado (este convento se considera como la casa madre de todas las dominicas); y luego una comunidad de religiosos predicadores (1215) libres de cualquier influencia política y que por medio de la predicación y la oración los herejes se reconciliaran con la Iglesia. Esta primera comunidad será el embrión de la Orden de Predicadores o "Domini canes" (perros del Señor) que, llena de sabios y contemplativos, se extendería por toda Europa. Hombres que combatieran la herejía sin tener que enriquecerse a su costa (los que delataban a los herejes, recibían parte del patrimonio que se les confiscaba). Para crear la nueva Orden, Domingo tuvo que ir a Roma acompañado por san Fulco, el obispo de Toulouse y además porque el obispo estaba convocado para participar al IV Concilio de Letrán.  
La nueva Orden nació en un momento poco idóneo; primero, porque el papa Inocencio III ya había rechazado un proyecto apostólico del obispo el beato Diego de Azevedo para la evangelización de los cumanos (región del Volga y del Don), y por tanto no era probable que confiara al obispo y a Domingo la misión en Languedoc. En segundo lugar, el mismo Papa era reacio a la aprobación de nuevas ordenes religiosas; por ello, Domingo adoptó la regla de san Agustín, y para el rito litúrgico, la de los cistercienses. La residencia se hallaba junto a la iglesia de San Román en Toulouse (1216). Primeramente puso el acento en la pobreza (negativa de aceptar bienes inmuebles, sólo rentas), y después en la predicación y en el consiguiente deber de una seria preparación en los estudios. Honorio III, aprobó por fin (1216) la nueva Orden. Esta se difundió por las ciudades universitarias: París, Roma y Bolonia. Desde Bolonia, Domingo fue varias veces a visitar la curia papal y la Italia septentrional, y allí se celebró el I capítulo general de la Orden (en 1220-1221) donde se aprobaron las primeras “Constituciones”. En 1221 por indicación del papa Honorio III fundó el convento femenino de San Sixto en Roma, con regla de clausura. En este mismo año asistió a otro capítulo general en Bolonia. Tras prometer que después de muerto ayudaría a sus compañeros más que de vivo, murió en la ciudad universitaria de Bolonia en el convento de San Nicolás.  
La persona de Domingo nos la describe así la beata Cecilia Cesarini: "Estatura media, cuerpo minúsculo, rostro bello y ligeramente sonrosado, cabello y barba ligeramente rojos, ojos bellos, frente y cejas que emanaban una especie de esplendor que provocaba la reverencia y el afecto de todos, siempre sonriente y alegre, a menos que no estuviera conmovido por compasión por alguna aflicción del prójimo; manos largas y bellas, una gran voz, bella y sonora, nunca calvo y con una corona de cabellos completamente moteada por algunos mechones blancos". Se cuenta que un día un estudiante le preguntó: "Padre ¿en qué libro estudia Vd.? y el le contestó: Hijito, en el libro de la caridad he estudiado, pues este libro enseña todas las cosas". 
En su predicación resume la vida de Cristo en 15 misterios principales, que para hacerlos vida propia es necesario contemplarlos frecuentemente; y mejor bajo la mirada de la Virgen. Esta practica, se hará popular con el nombre del Rosario. Se sabe que la devoción al Rosario fue inventada y difundida a finales del siglo XV por el dominico bretón beato Alano de la Roche. Se le han atribuido muchas leyendas que son copiadas de las de san Bernardo de Claraval y san Francisco de Asís. Está enterrado en Bolonia. Al firmar el decreto de canonización de su amigo, en 1234, Gregorio IX (el cardenal Ugolino) afirmó que estaba tan seguro de su santidad como de la de san Pedro y san Pablo. MEMORIA OBLIGATORIA.