21 de agosto de 2015

San PÍO X. (1835-1914). Papa. (1903-1914).


Martirologio Romano: Memoria del papa san Pío X, que fue sucesivamente sacerdote con cargo parroquial, obispo de Mantua y después patriarca de Venecia. Finalmente, elegido Sumo Pontífice, adoptó una forma de gobierno dirigida a instaurar todas las cosas en Cristo, que llevó a cabo con sencillez de ánimo, pobreza y fortaleza, promoviendo entre los fieles la vida cristiana por la participación en la Eucaristía, la dignidad de la sagrada liturgia y la integridad de la doctrina.


José Sarto nació en Riese (Treviso, Italia) en el seno de una familia campesina. Con el calzado al hombro para no romperlo, hacía a pie diariamente 7 kms de ida y de vuelta porque quería estudiar en la escuela de Castelfranco Veneto. Después de los estudios en el seminario de Padua, fue ordenado presbítero en Treviso en 1858. 
Estuvo nueve años de coadjutor en Tombolo, donde su celo pastoral, su amabilidad y caridad le hicieron muy querido por sus feligreses. Siguió continuamente estudiando. Dios le dio el carisma de saber traducir a la praxis pastoral la teología y, de hablar a las almas en lenguaje inteligible.
Fue párroco y arcipreste de Salzano, donde a parte de restaurar el templo, y de impartir la catequesis, se dedicó especialmente a los enfermos de cólera de 1873; llevando siempre una vida modesta y humilde. En 1875, fue nombrado canónigo de Treviso, después fue canciller de la curia. Al mismo tiempo desempeñó la dirección espiritual del seminario. En 1879, fue elegido vicario capitular de la diócesis, cargo que ejerció durante seis meses y que mostró su habilidad para el episcopado.
En 1884, fue elegido obispo de Mantua, cargo que aceptó como una cruz, pues se creía incapaz e indigno. Mejoró el seminario, dio sólidas orientaciones sobre catequesis y liturgia, impulsando la espiritualidad sacerdotal. Realizó una visita pastoral por toda la diócesis. En 1888, convocó un sínodo diocesano que daba respuesta a las necesidades pastorales de la comunidad cristiana. Para promover estas reformas hizo su segunda visita pastoral. En 1891, celebró el III Centenario de la muerte de san Luis Gonzága, aprovechando el evento para pedir a sus fieles la intensificación del espíritu religioso. 
En 1893, el papa León XIII le nombró cardenal y patriarca de Venecia, después de haber esperado el "exequátur" gubernativo dieciséis meses por cuestiones políticas debidas a la reunificación italiana. Estuvo nueve año como Patriarca de Venecia, desarrollando una gran labor pastoral, como ya había hecho en Mantua. En el cónclave de 1903, (después del veto de Austria a la elección del cardenal Rampolla) fue obligado a aceptar la elección de Papa, pese a sus protestas de incapacidad: "Soy incapaz e indigno. Olvidadme, ¡ayudadme!". En la fórmula de aceptación dijo: "Accepto in Crucem". 
Pensando en lo mucho que habían sufrido los papas llamados Pío durante la Revolución Francesa, se eligió el nombre de Pío X, tomando como lema de su pontificado el de  “Instaurar todas las cosas en Cristo”.
Su pontificado fue uno de los más fecundos, no sólo por las obras de reforma de litúrgica (sobre todo el breviario, de la misa, del canto gregoriano, de la participación litúrgica más activa y de la comunión eucarística de los niños, negando la legitimidad a su retraso más allá de la aparición del uso de razón), sino también por las orientaciones de la vida pastoral de la Iglesia con su "Catecismo" (predicado por él mismo todos los domingos) y con la promulgación de la leyes canónicas: reformas de la curia romana, simplificación de las normas burocráticas, edición de las "Acta apostolicae sedis", iniciación de la codificación canónica con nuevas leyes matrimoniales, promoción de los estudios y de la formación del clero. Dio cauces legítimos a la Acción Católica. Eligió como cardenal secretario de Estado al venerable Rafael Merry del Val. 
Hubo de enfrentarse con no pocas dificultades a causa de su desinterés por la diplomacia y de su intransigencia contra toda clase de progresismo, que le ocasionaron graves conflictos con Rusia, Alemania (contra las asociaciones interconfesionales), Estados Unidos (rechazó la visita del presidente Teodoro Roosevelt), España y Portugal. Actualmente se considera un error su condena intransigente del modernismo, pero era hombre de su tiempo y suya es la frase: "el mal existe, pero antes de combatirlo en los demás tenemos que destruirlo en nosotros mismos". Pío X creyó en conciencia que procedía una condenación pura y simple y global del modernismo, por lo que en el decreto "Lamentabili" (1907), condenó 65 tesis modernistas y en el mismo año publicó su famosa encíclica "Pascendi" en la que calificaba el modernismo como el conjunto de todas las herejías. En 1910, impulsó el famoso juramento antimodernista, que debían prestar los candidatos al sacerdocio y a los cargos pastorales de la Iglesia. Su proceso de beatificación se retrasó, porque se consideró “falta de prudencia” su política antimodernista, pero sus virtudes personales, hicieron que saliera adelante el proceso y que sea, junto con san Pío V, los dos únicos papas canonizados por la Santa Sede, hasta ahora.
 Se cuenta que antes de rechazar el Concordato con la república francesa, puso el documento a los pies del Crucifijo y exclamó: "Non possumus. No podemos traicionar al Señor". Sin nostalgia alguna del poder temporal, sino más bien defendiendo la neta separación entre los poderes (hasta prohibir la política al clero), se sentía padre espiritual de todos. A raíz del asesinato de Sarajevo, el Emperador de Austria le suplicó una bendición para sus batallones y él respondió "yo bendigo la paz, no la guerra". Presintiendo la proximidad de la I Guerra Mundial en 1914 ("La guerra se acerca", solía repetir a menudo). Su testamento decía: "He nacido pobre, he vivido pobre y deseo morir pobre". Moría 22 días después del estallido de las hostilidades, pronunciando en su agonía estas palabras: "¡Pobres hijos míos! Ofrezco mi vida. Millones de hombres van a morir. Me hubiera gustado evitarla, pero no he podido". Está enterrado en la basílica de San Pedro del Vaticano. 
El Pontificado de Pío X no fue tranquilo y el papa mostró resolución en su política. Si no tuvo enemigos -porque para eso se necesitan dos- hubo muchos que le criticaron, lo mismo dentro que fuera de la Iglesia. Pero, al morir, todas las voces fueron una; desde todas partes, desde todas las clases surgió un llamado para que se reconociera la santidad de Pío X, el que fuera Giuseppe Sarto, el niño del cartero. En 1923, los cardenales de la curia decretaron que se había abierto su causa, firmada por veintiocho prelados. En 1954, el Papa Pío XII canonizó solemnemente a su predecesor ante una enorme multitud que llenaba la plaza de San Pedro, en Roma. Aquel fue el primer papa al que se canonizaba desde Pío V, en 1672. MEMORIA OBLIGATORIA.