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miércoles, 13 de agosto de 2014

San BENILDO ROMANÇON. (1805-1862).


Martirologio Romano: En el pueblo de Saugues en Puy-en-Vélay, Francia, san Benildo (Pedro) Romançon, del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que pasó la vida dedicado a la formación de la juventud

Se llamaba Pedro Romançon. Nació en Thuret, en el Puy-de-Dôme (Auvernia), en el seno de una familia de campesinos honrados y religiosos. Era muy bajo de estatura, y cuando pidió ingresar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, lo rechazaron por ser bajito. Pero al año siguiente pidió de nuevo ingresar y fue aceptado, con la ayuda del hermano director de Riom en 1820. Su padre intentó que volviera a su casa, pero él se mantuvo firme en su vocación religiosa. Adopto el nombre masculinizado de Benilde; y durante 20 años fue maestro ejemplar, haciendo con igual dedicación, maestro, cocinero o hortelano. Trabajó en diversas escuelitas modestas de la región de Clermont-Ferrand: Moulin, Limoges, Clermont-Ferrand… Siempre cumplía con su deber cotidiano sin llamar la atención. En 1839 se le designó como director de la pequeña escuela de Billom, donde trabajó dos años. 
Su historia más viva fue cuando le nombraron director en Saugues (diócesis de Puy) en 1841, en una escuela en la que tres hermanos enseñaban a 300 niños, y algunos eran ya adultos que querían aprender a leer y escribir. Aquí estuvo 41 años. Su especialidad como pedagogo fueron los niños retrasados, y tenía un método: la paciencia. Sus resultados pedagógicos eran tan clamorosos que alguno veía en ellos el milagro. Aunque algunas veces se sentía totalmente frustrado con sus estudiantes, y decía: “Imagino que los ángeles mismos, si descendieran para ser maestros de escuela, encontrarían difícil controlar su ira”. Cuando no enseñaba, oraba, y cuando no oraba, enseñaba. Enseñar y orar eran para él,  la misma cosa. Se dejaba conducir, junto con sus niños por un ángel guardián, y las cosas no le salían mal: "Yo no sabía nada, y vos me habéis enseñado". 
Pío XI le nombró “santo de los Quehaceres Cotidianos” y su proceso de canonización, marcó un antes y un después sobre la santidad. Ya no serán necesarias las virtudes extraordinarias, con fenemenología mística o carismas extraordinarios, sino simplemente hacer bien las cosas cotidianas, dejándose llevar por la voluntad divina. Pío XI dijo de él: “He aquí la gran lección que este humilde siervo de Dios viene a darnos, a saber, que la santidad no consiste en las cosas extraordinarias, sino en las cosas comunes realizadas de modo no común”. En 1896, se inició el proceso en Le Puy, en 1948, se llevó a cabo en Roma la beatificación de Benilde Romançon, y en 1967 tuvo lugar su canonización por SS Pablo VI.

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