12 de agosto de 2015

Beato INOCENCIO XI. Papa (1676-1689). (1611-1689).


Martirologio Romano: En Roma, beato Inocencio XI, papa, que dirigió sabiamente a la Iglesia, si bien fue probado por fuertes dolores y tribulaciones

Nació en Como, y se llamaba Benedicto y era hijo de Livio Odescalchi y Paula Castelli, un matrimonio de noble estirpe de comerciantes. Tuvo como preceptor al sacerdote Casanova, pasando luego al colegio jesuita de Como, donde se afilió a la Congregación Mariana. Muerto su padre, pasó en 1626 a Génova con su tío Papirio para colaborar en los negocios familiares. Muerta su madre y su tío se alistó en la milicia urbana de Como como comandante. Marchó a Roma donde conoció al cardenal De la Cueva que le animó a estudiar Derecho en la universidad de La Sapienza, y después se graduó en Nápoles; aquí decidió hacerse clérigo pero no sacerdote. Recibió la tonsura e hizo voto de celibato. Volvió a Roma donde su hermano le procuró cargos en la cancillería: primero como protonotario apostólico y luego presidente de la cámara apostólica.
Llevó una vida de gran piedad, modestia, austeridad y caridad, que el papa Urbano VIII lo nombró comisario especial de tasas de la Marca. Lo hizo con tanta prudencia y caridad que en 1644 fue nombrado gobernador de Macerata y en 1645 el papa Inocencio X lo nombró cardenal diácono del título de Santos Cosme y Damián. Tenía 34 años y el papa le envió como legado a Ferrara. Fue un gobierno prudente y benéfico, especialmente dedicado a las clases populares. 
En 1650 fue nombrado obispo de Novara. No entraba ello en sus planes, ya que se consideraba indigno para ser sacerdote, pero obedeció y recibió la ordenación en 1650 y después fue consagrado obispo.
Se propuso imitar a san Carlos Borromeo en sus criterios y actitudes pastorales, pero no pudo residir mucho tiempo en su diócesis porque los papas Inocencio X y Alejandro VII lo quisieron en Roma, por ello renunció a su diócesis, ya que consideraba imprescindible su presencia en ella, tal como indicaban las indicaciones de Trento. Estuvo en Roma como cardenal de curia durante 22 años y participó en los cónclaves de Clemente IX y Clemente X. Fue elegido Papa en el 1676, a pesar de que en un principio se negó a ello.
 Fue eminente por su caridad, la simplicidad evangélica y la pobreza. Suprimió el cargo de cardenal sobrino (“cardenal nepote”), y pasó su patrimonio a su familia, aunque se quedó con una parte, para no ser gravoso a la Santa Sede. Emprendió una gran campaña de moralización y luchó firmemente contra la corrupción. Prohibió la simonía y suprimió el colegio de secretarios instituidos por Calixto III, hacía dos siglos. Reformó el procedimiento de canonizaciones para hacerlo más sencillo.
Decidido a terminar con el avance turco, consiguió que el Imperio y Polonia, los detuvieran en Viena el 12 de septiembre de 1683. Instituyó como memoria de esta batalla la fiesta del Dulce Nombre de María. En los asuntos eclesiásticos aplicó las normas del concilio de Trento en cuanto a la reforma del clero y la actividad de la Iglesia. En materia doctrinal se opuso al laxismo y al molinosismo (1687) y en materia de moral favoreció el probabiliorismo así como a su impulsor el padre Tirso Gonzáles que por su influencia fue elegido prepósito general de la Compañía. Algunos biografos señalan que condenó el probabiliorismo, y que tuvo graves controversias con la Compañía de Jesús, pues no estaba de acuerdo con su independencia en la forma de llevar las misiones. La severidad de su conducta algunos llegaron a pensar que era jansenista, aunque no hay pruebas de ello.
Se enfrentó a la autocracia de Luis XIV de Francia y a su inclinación al jansenismo y a la idea de una iglesia galicana, más alejada de la autoridad papal tal como aparece en la "Pragmática Sanción" de Bourges, así como la defensa de la primacía del concilio frente al Pontífice. Todo ello llevó a profundas luchas con la Iglesia francesa y el Papa, de manera que se vio obligado a excomulgar al propio rey. En esta lucha estaba cuando murió Inocencio.
En cuanto a Inglaterra, el Papa tuvo la alegría de ver que se aliviaba la persecución contra los católicos, pero no pudo ver el regreso el país al catolicismo por el despotismo del rey católico Jacobo II. Cuando en 1689 fallecía en Roma la reina Cristina de Suecia, mandó hacerle solemnes funerales. 
Inocencio enfermó y entre los dolores repetía: “Aumentadme, señor, si queréis mis dolores, pero aumentadme también la paciencia”. Su muerte fue ejemplar. La oposición de Francia hizo que no prosperara su causa de beatificación, hasta que Pío XII decidió hacerlo en 1956. Está enterrado en la basílica de San Pedro del Vaticano.