5 de agosto de 2015

Beato FRANCISCO ZANFREDINI (Cico o Cecco de Pésaro). (c.1270 - 1350).



Martirologio Romano: En Montegranaro en las Marcas, beato Francesco Zanfredini, conocido como Cecco de Pésaro, de la Tercera Orden de San Francisco, que, distribuidos todos sus bienes a los pobres, fue durante cerca cincuenta años modelo de penitencia, oración y buenas obras en el eremo por él construido



Francisco Zanfredini nació en Pésaro, y fue bautizado con el nombre de Juan; al perder a sus padres siendo joven, después de distribuir a los pobres sus bienes, siguió la regla de la Tercera Orden franciscana. Primero vivió un tiempo en el eremitorio de Montegranaro, en oración y penitencia; luego, deseoso de difundir el culto a la Virgen, regresó a Pésaro y construyó una pequeña capilla en su honor y colocó allí una imagen de María muy venerada. Construyó una segunda capilla en Montegranaro y luego fundó en el Monte Accio cerca de Pésaro, un convento, donde transcurrió gran parte de su vida y recibió otras personas como él deseosas de perfección. 
Como ardiente Terciario franciscano, no sólo practicaba la penitencia, sino que se dedicaba a las obras de caridad, recogía limosnas para ayudar a los pobres, para restaurar iglesias y hospitales, para ayudar a sus cohermanos. 
Curado de una grave enfermedad, quiso mostrar a Dios su agradecimiento yendo en peregrinación a Asís para ganar la indulgencia de la Porciúncula. Al regresar a Pésaro, siempre más deseoso de prodigarse por el prójimo, con su conciudadana la beata Miguelina Metelli, también ella Terciaria franciscana, fundó, en 1347, la Compañía de la Misericordia para la asistencia a los enfermos y la sepultura de los muertos. Aunque atraído por el apostolado de la caridad para con los que sufren y los humildes, de cuando en cuando iba a reponerse en el primitivo eremitorio de Montegranaro, donde a los 80 años de edad, expiró serenamente, dejando a sus discípulos como testamento espiritual preciosas enseñanzas. 
La noticia de su muerte se difundió rápidamente en la ciudad y en los campos, y se reunió alrededor de su cadáver una multitud de devotos en demostración del alto concepto que tenín de su santidad. Su tumba muy pronto se convirtió en meta de peregrinaciones de fieles que lo invocaban y obtenían favores. Después de no mucho tiempo, por voluntad de los mismos ciudadanos, su cuerpo fue trasladado solemnemente a la catedral de Pésaro y sepultado bajo el altar mayor. Su culto, que data de muy antiguo, fue confirmado por Pío IX el 31 de marzo de 1859.