10 de agosto de 2015

Beato ARCÁNGEL DE CALATAFIMO PIACENTINI. M. 1460.


Martirologio Romano: En Alcami, en Sicilia, beato Arcángel de Calatafino Piacentini, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, insigne por su austeridad de vida y su amor a la soledad.

Natural de Calatafimo en Sicilia. Descendiente de la noble familia Piacentini o Piacenza. Huía del mundo y el mundo corría detrás de él. Siendo aún "muy joven", abandonó su hogar para vivir como ermitaño en la soledad de las montañas. Fue tal su vida de austeridad, oración y penitencia que -aun aislado- pronto acudieron a conocerle y a recibir su bendición o un consejo numerosas personas. Para continuar en su soledad rindiendo tributo al Creador, se trasladó a Alcamo; sin embargo, resultó inútil su deseo, ya que pronto su fama de santidad llegó a las poblaciones vecinas, por lo que volvió a recibir la visita de innumerables fieles. 
Fue entonces que se enfrentó a la disyuntiva de permanecer aislado en oración o acompañar a los fieles y auxiliarles en sus necesidades espirituales y materiales, pues los vecinos del lugar le pidieron dirigir el abandonado hospital de la ciudad. Al optar por lo segundo, dedicó todas sus fuerzas a reconstruir el nosocomio, el cual al poco tiempo fue remodelado en su totalidad y empezó a brindar servicios de salud de calidad a quien a él recurría. Cuando el hospital estuvo listo de la forma más que adecuada decidió, una vez más, retirarse a una cueva a continuar su vida de ermitaño; esta vez fue el decreto del Sumo Pontífice Martín V, el cual suprimía a los ermitaños de Sicilia, lo que le hizo dejar su retiro e ingresar con los Hermanos Menores (franciscanos) de Palermo, donde cursó el noviciado. 
Por su vida llena de virtudes, fue elegido ministro provincial en la Orden, labor en la que destacó. Al concluir este cargo, regresó a Alcamo para fundar el monasterio de Santa María de Jesús, anexo al hospital por él reconstruido. Sin precisarse fecha, fue ordenado sacerdote y continuó su ejemplar vida plena de oración, austeridad, penitencia y servicio al prójimo. Sus dotes de orador le llevaron a recorrer gran parte de su país, logrando la redención de pecadores y la conversión de muchas almas. Entregó su vida al Creador en el monasterio citado. Gregorio XVI confirmó su culto en 1836.