16 de agosto de 2015

Beata HUGOLINA DE VERCELLI. (1239 - c. 1300).


Nació en Vercelli, en el seno de la noble y potentada familia De Cassami (o de Cassinis, según estudios recientes). Era hija única. Con 16 años, se destacó por su práctica de la caridad hacia el prójimo, la oración constante, la perfecta adhesión a las enseñanzas de sus padres. Tenía un especial amor hacia los peregrinos, que en aquel tiempo eran numerosos. Cuando se enteraba que la meta era Tierra Santa, les daba dinero para el viaje. 
Se sabe que a los 14 años, al morir su madre, su padre quiso seducirla, pero gracias a su oración consiguió guiar a su padre a la senda correcta. De todas manera el equilibrio familiar se vio dañado y Hugolina, le confió a una señora de nombre Libera, su deseo de servir al Señor en la oración, viviendo retirada del mundo. Ésta la dijo que meditara a fondo su decisión y que esperara un signo del cielo. Hugolina huyó de su casa disfrazada de hombre, cuando su padre se encontraba de viaje en Turín. Hugolina llegó a un bosque, distante una milla de la ciudad, donde estaba la capilla de Santa María di Betlemme. Había una celda, entonces vacía, que había pertenecido a un ermitaño de nombre san Favorino, que al regresar de Tierra Santa, había construido este lugar para vivir santamente. Hugolina que este sería el lugar de su retiro. Durante 47 años, hizo creer que era un hombre de nombre Hugo, y vivió con los extrictamente necesario, en oración, en intensos coloquios con Dios y penitencias para combatir las tentaciones que no le faltaron. 
La capilla fue un punto de referencia para todo el territorio circundante, lugar de oración, de consejo para diferentes personas de distintas clases sociales. Hugolina se comunicaba, sin mostrar su rostro, a través de un ventanuco. Sólo el confesor y la confidente Libera sabían su identidad. 
Transcurrieron muchos años hasta que el físico de Hugolina comenzó a declinar: dolores de estómago y fiebres la llevaron al lecho. Unos días antes de su muerte, llamó al sacerdote Valentino (que será su biógrafo) e hizo confesión general y recibió el Viático. Su muerte produjo un clamor de dolor por la pérdida y un homenaje por su vida de santidad. Su tumba fue meta de peregrinaciones y lugar donde se produjeron milagros.