20 de julio de 2015

San AURELIO DE CARTAGO. M. 429.


Martirologio Romano: En Cartago, san Aurelio, obispo, firmísimo pilar de la Iglesia, que trabajó para que sus fieles no se dejasen arrastrar por las reinantes costumbres paganas y puso su sede episcopal en el mismo lugar donde existía un simulacro de la diosa Celeste.

Hacia el año 392, después de que san Agustín de Hipona recibió la ordenación sacerdotal y el obispado de Hipona, Aurelio, un diácono, fue elegido obispo de Cártago. En aquella época la Iglesia de África estaba en la cumbre de su esplendor; el obispo de Cártago era a la vez primado o patriarca de África, es decir, uno de los prelados más importantes de la Iglesia universal. 
Amigo y colaborador de san Agustín de Hipona en la lucha contra la herejía. Aunque no se distinguió por su capacidad intelectual, si lo fue por su humildad. Protegió a los fieles contra las costumbres paganas y colocó la sede en el lugar de la imagen de la diosa Celeste y dio a los presbíteros la facultad de predicar la palabra de Dios. Fue el primero en descubrir y combatir el pelagianismo, la violencia de sus adversarios le obligó a pedir ayuda a las autoridades civiles. Convocó un concilio en Hipona, para la recta administración de la Iglesia, y condena de la herejía donatista. 
Durante los 37 años que gobernó la sede, Aurelio convocó numerosos sínodos provinciales y concilios plenarios de los obispos africanos para resolver ésos y otros problemas. Aurelio era íntimo amigo de san Agustín y, cuando aquél se quejó de que muchos monjes, so pretexto de vida contemplativa, eran simples holgazanes, san Agustín escribió el tratado "Sobre el trabajo de los monjes" para tratar de mejorar la situación. San Fulgencio de Ruspe, obispo africano de la siguiente generación, escribió en términos encomiásticos acerca de Aurelio, como lo hizo también el erudito español Pablo Osorio.