23 de julio de 2015

Beatos PEDRO RUÍZ DE LOS PAÑOS y JOSÉ SALA PICÓ. (1881-1936).


Martirologio Romano: En Toledo en España, beatos mártires Pedro Ruíz de los Paños y José Sala Picó, sacerdotes del Instituto de los Sacerdotes Operarios Diocesanos, muertos en la misma persecución.

Pedro era natural de Mora (Toledo). Fue seminarista en Toledo hasta su entrada en la Hermandad de Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús en 1904. Ejerció el ministerio como prefecto en los seminarios de Málaga, Jaén y Badajoz, como administrador en el de Sevilla, donde fundó la Obra de Fomento de Vocaciones, que permitió a más de cien muchachos estudiar en el seminario a pesar de su pobreza. Escribió: “El estado sacerdotal. Sus excelencias y ventajas”. De 1917 a 1927 fue rector en el seminario de Plasencia. 
En Plasencia comienza a publicar la “Hoja vocacional” y la hoja infantil “El sembrador”, y promueve por primera vez la celebración del Día del Seminario. Escribió: “Las vacaciones del seminarista”; “La perseverancia del seminarista”; “El seminarista santo” y “La bondad educadora”. En 1927 pasa como director en el Colegio Español de San José de Roma. Fue durante seis años consejero general de la Hermandad y durante los últimos tres años de su vida director general. Se encontraba en Toledo realizando la fundación de las Discípulas de Jesús, congregación religiosa femenina dedicada al apostolado vocacional, fundación que preparaba desde 1934. En determinados momentos de su vida le pareció que tenía vocación religiosa (carmelita, jesuita), pero esta vocación no se probó auténtica.
Como general de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, llegó a Toledo en 1936 para preparar la fundación de la congregación de religiosas Discípulas de Jesús. Ésta nacería más tarde, una vez muerto el Padre Ruiz de los Paños. Escribió: “Las vocaciones sacerdotales”
Fue un hombre profundamente religioso; anhelaba el martirio para unirse lo “más deprisa” con Dios. Dijo: “Mañana a primera hora, vendran por nosotros y nos matarán. ¡Que nos encuentren bien preparados para presentarnos ante nuestro Padre!”. Se alojó en el seminario de la Hermandad, al caer Toledo en zona republicana, se esperaban el martirio. Después de unos días y en vista que las bombas caían cerca del seminario, decidieron abandonar el seminario, dispersándose. Él concretamente salió con José Sala y se refugiaron en la casa del sacerdote toledano Álvaro Cepeda, donde pasarían la noche, pero fueron localizados. Fue martirizado, a los 54 años, en el paseo del Tránsito, junto con sus otros hermanos religiosos: José Sala Picó, Guillermo Plaza Hernández, Recaredo Centelles Abad, Martín Martínez Pascual, Antonio Perulles Estivill, José Pascual Carda Saporta, Isidoro Bover Oliver y José María Peris Polo
Todos estos sacerdotes fueron educadores en seminarios, llevaron una vida apartada de las intrigas sociales de la época; sus paisanos se niegan a cumplir la orden de ejecución, y son los “milicianos forasteros” quienes les humillan; todos tienen una calidad humana espiritual extraordinaria y no tenían militancia ideológica; la mayor parte eran muy jóvenes, algunos apenas habían terminado sus estudios. Fueron perseguidos únicamente por ser sacerdotes y ellos lo sabían con lo cual ofrecieron su vida por Cristo. 

José nació en Pons, diócesis de Urgel (Lérida). Estudió latín y humanidades con un tío suyo párroco en Andorra y Filosofía y Teología en el seminario de La Seo de Urgel, donde fue ordenado sacerdote en 1911. Fue vicario parroquial de Guissona, capellán de la granja de Liñola, vicario de Payas, Balaguer y Bergamuy. Ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos con permiso de su obispo en 1914. Fue prefecto y administrador del seminario de Segovia, y prefecto en el colegio de vocaciones de Toledo, que al convertirse en seminario menor, fue su primer rector, cargo que ocupó durante doce años hasta su martirio. Fue un sacerdote eminentemente piadoso, lleno de fe y caridad y con una humildad que le nacía de los más profundo de su corazón.
Cuando la Guerra Civil, estaba convencido de que lo matarían y se gozaba en este pensamiento. Visitó a dos hermanas religiosas y las animó para estar preparadas para el martirio. Acompañaba a su director general Pedro Ruíz de los Paños, siendo martirizado con él en el paseo del Tránsito de Toledo, con 47 años. Beatificados por san Juan Pablo II en octubre de 1995.