18 de junio de 2015

Santa ISABEL DE SCHÖNAU. (c.1128 - 1164).

(al.: Elisabeth von Schönau).
La que jura por Dios. Dios conoció. Dios es plenitud. Dios ha ayudado.

Martirologio RomanoEn Schönau, lugar de Renania, en Germania, santa Isabel, virgen, insigne por su observancia de la vida monástica.


Nació en la diócesis de Tréveris, probablemente en Bonn, en el seno de una familia de la nobleza y era hermana de san Ekberto. Muy joven se hizo benedictina en doble monasterio de Schönau cerca de Francfort, en el que convivían los monjes y las monjas. En el 1157, fue elegida “magistra”, cuando tenía 25 años y a pesar de su débil constitución física y de sus continuas enfermedades. No fue elegida abadesa porque al ser un monasterio doble, dependían del abad, que era su hermano san Ekberto. Su hermano fue elegido abad en 1165 y 1166. Entabló relaciones de amistad con la beata Hildegarda de Bingen, con la que mantuvo una intensa correspondencia.
De su vida no sabemos muchas cosas, sino los cuatro libros que escribió, junto con su hermano, que nos hablan de espantosos años de pruebas con aridez espiritual y fortísimas tentaciones de dudas sobre la fe, hasta el punto de creerse abandonada por Dios, hasta que la misericordia divina llega al auxilio del alma. Todo esto le llegó después de una grave enfermedad ocurrida en 1152, cuando Isabel comenzó a tener visiones y éxtasis, en los que mantuvo coloquios con Cristo, María y los santos del día; éxtasis que duraban aveces varias semanas y que poco a poco debilitaron su físico, de manera que murió a los 35 años.
Es considerada como una de las primeras místicas de la Edad Media, junto con santa Hildegarda, en dejar testimonios directos. El libro más conocido se titula "El libro de los caminos de Dios". Sobre todo se la conoce por sus revelaciones acerca de santa Úrsula y las Once mil virgenes, y es singular su visión sobre la asunción de María al cielo que dejó escrito en el libro "Visiones de la resurrección de la Beata Virgen María". No ha sido nunca formalmente canonizada, pero se le atribuye un culto que la Iglesia no ha desautorizado nunca, aunque ha sido inscrita en el Martirologio Romano