3 de junio de 2015

Beato DIEGO ODDI. (1839 - 1919).

(José Oddi).
Instruido.

Martirologio Romano: En la localidad de Bellegra, en los alrededores de Roma, beato Diego (José) Oddi, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, eximio por su vida de oración y simplicidad.

José Oddi nació en Vallinfreda, Roma, en el seno de una familia muy pobre. Se dedicó a la vida de piedad y al trabajo del campo; tenía una gran devoción por María y era un joven lleno del espíritu de oración. Durante una peregrinación al Retiro de San Francisco en Bellegra, quedó impresionado por el lugar y la vida franciscana. Pasaron cuatro años, pero no podía olvidar aquella experiencia y volvió allí en 1864, y allí le abrió un anciano fraile portero, con fama de santidad, que llevaba 40 años en el mismo lugar, era el beato Mariano de Roccacasale. Fray Mariano le dijo: “¡Sé bueno; sé bueno, hijo mío!”. Estas sencillas palabras fueron decisivas para su vida. Regresó a su pueblo afianzando su oración y encontrando el camino de su vocación.
En 1871, ingresó, superando la resistencia de sus padres, en el Retiro de Bellegra. Fue acogido en un principio como “terciario oblato”. En 1877 los frailes fueron expulsados de su querido «Retiro» y forzados a vivir en casa de algunos bienhechores. Pero Fray José continuó ocupándose del cuidado del huerto del convento, que había sido confiado a un amigo de los frailes. Con el regreso de los frailes a su convento (1878) y la subsiguiente reapertura del noviciado (1884), fray José fue admitido a la prueba canónica (12 de febrero de 1884), tomando también el nuevo nombre religioso de fray Diego. Hecha la primera profesión el 14 de febrero de 1886 y la solemne el 16 de mayo de 1889, permanecerá en el Retiro de Bellegra. 
Diego inició una nueva vida: durante 40 años recorrió los caminos de Subiaco pidiendo limosna. Analfabeto, pero ingenioso y fácil para el diálogo, sorprendió a todos. Mientras los demás frailes dormían, Diego oraba todas las noches; de esta oración profunda se traslucía una sabiduría de fe y verlo ayudar en Misa y acercarse a la comunión equivalía una predicación. También despertaron admiración, su austeridad y penitencia, que él trató de ocultar pero que era manifiesta con quienes vivían con él. Tuvo dones taumatúrgicos. Murió lleno de santidad en su convento de toda la vida. Los restos mortales del querido apóstol «itinerante» son guardados con viva piedad en su querido Retiro de Bellegra, meta de numerosas peregrinaciones. Beatificado por SS Juan Pablo II el 3 de octubre de 1999.