12 de junio de 2015

Beata MARÍA CÁNDIDA DE LA EUCARISTÍA BARBA. (1884 - 1949).

(María Bárbara Barba).

Martirologio Romano: En Ragusa, beata María Cándida de la Eucaristía Barba, virgen de la Orden de las Carmelitas Descalzas, que, dando prueba de profunda observancia de la vida consagrada y de la regla, se dedicó activamente a la construcción de nuevos monasterios

María Bárbara Barba, nació en Catanzaro, Calabria, en el seno de una ilustre familia. Desde muy joven quiso hacerse religiosa pero tuvo el rechazo de su familia, y tuvo que dedicarse a las labores propias de su condición, y a intensificar su devoción a la Eucaristía y a María. Durante casi 20 años tuvo que luchar hasta conseguir su aspiración, demostrando en esos años de espera y de sufrimiento interior, una sorprendente fortaleza de ánimo y una fidelidad poco común a la inspiración inicial.
Ingresó en la carmelitas descalzas de Ragusa, en Sicilia,  en 1919, cambiando su nombre por el de María Cándida de la Eucaristía. Tuvo siempre una profunda devoción por la Eucaristía. María Cándida desarrolló plenamente lo que ella misma define como su "vocación a la Eucaristía" ayudada por la espiritualidad carmelitana, a la que se había acercado a través de la lectura de la “Historia de un Alma” de santa Teresita de Lisieux. 
Al poco tiempo de su profesión religiosa fue elegida priora de la comunidad, cargo en el que fue elegida hasta su muerte, infudiendo a su comunidad un profundo amor a las Constituciones y contribuyendo de manera directa a la expansión del Carmelo en Sicilia, con la fundación de Siracusa, y el retorno de la rama masculina de la Orden. En 1933 escribió su obra de espiritualidad eucarística: “La Eucaristía”. Para María Cándida, la Eucaristía es alimento, es encuentro con Dios, es fusión de corazón, es escuela de virtud, es sabiduría de vida. "El Cielo mismo no posee más. Aquel único tesoro está aquí, ¡es Dios! Verdaderamente, sí verdaderamente: mi Dios y mi Todo". "Le pido a mi Jesús ser puesta como centinela de todos los sagrarios del mundo hasta el fin de los tiempos". 
En la Eucaristía descubre también el sentido profundo de los tres votos religiosos, que en una vida intensamente eucarística hallan, no sólo su plena expresión, sino también un ejercicio concreto de vida, una especie de profunda ascesis y de progresiva conformación al único modelo de toda consagración, Jesucristo muerto y resucitado por nosotros: «¿Qué himno no debería entonarse a la obediencia de nuestro Dios Sacramentado? Y ¿qué es la obediencia de Jesús en Nazareth, comparada con su obediencia en el Sacramento desde hace veinte siglos?». «Después de instruirme sobre la obediencia, cuánto me hablas, cuánto me instruyes en la pobreza, oh blanca Hostia! Quién más despojada, más pobre que Tú...No tienes nada, no pides nada!... Divino Jesús, haz que las almas religiosas estén sedientas de desprendimiento y de pobreza sincera!».«Si me hablas de obediencia y de pobreza..., qué fascinación de pureza no suscitas Tú con solo mirarte! Señor, si tu descanso lo encuentras en las almas puras, ¿qué alma, tratando contigo, no se hará tal?». De ahí el propósito: «Quiero permanecer junto a Ti por pureza y amor». Murió a causa de una terrible enfermedad en Ragusa. Fue beatificada por SS Juan Pablo II el 21 de marzo de 2004.