24 de mayo de 2015

Beato JUAN DE PRADO. (1563 - 1631).

Dios es misericordioso. El que está en gracia de Dios. Admirable.  

Martirologio Romano: En Marruecos, beato Juan de Prado, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que fue enviado a África para prestar auxilio espiritual a los cristianos reducidos a esclavitud en los reinos sarracenos, pero habiendo sido apresado confesó valientemente la fe de Cristo ante el soberano Mulay al-Walid y, por mandato de éste, consumó el martirio por el fuego.

Natural de Morgovejo, León. Mientras estudiaba en Salamanca ingresó en los franciscanos descalzos de la estrecha observancia en el convento de Rocamador, Badajoz. Profesó en 1585. Fue un predicador estimado, con buena preparación teológica; tomó parte en la controversia en torno a la Inmaculada Concepción de María. Desempeñó los cargos de maestro de novicios, superior de varios conventos. Aunque era extraordinariamente devoto y humilde, el beato fue calumniado y el provincial le relevó del cargo de superior. Juan aceptó esto con entera resignación, diciendo: «Dios quiere que sufra. Hágase su voluntad. Lo único que me apena es el escándalo que esto puede causar en los débiles y el descrédito que pueda acarrear a nuestra orden». Al cabo de algún tiempo, quedó probada la inocencia del beato, quien, en 1610, fue nombrado definidor y provincial de la nueva Provincia de San Diego (1620-1623). 
Intentó restaurar la misión de Marruecos, ya que personalmente tenía una fuerte vocación misionera. En 1630 la congregación de Propaganda Fide le envió a Fez, (Marruecos), con especiales poderes eclesiásticos y para confortar a los esclavos cristianos. Urbano VIII lo nombró prefecto apostólico de la misión. Salió de Cádiz en 1630 y, con otros dos religiosos, ejerció su ministerio durante tres meses en Mazagén. Al intentar entrar en Marrakech, fue detenido en Azamor y conducido preso a la capital de Marruecos. Ante el sultán manifestó con valentía su condición de misionero cristiano. Fue encarcelado y flagelado varias veces. En la discusión de tipo religioso que mantuvo con el sultán fue acuchillado por él mismo. Lo condenó al suplicio en la plaza del palacio. Ni siquiera dejó de predicar la fe, mientras caía abatido lapidado y a golpe de pica. Fue beatificado el 24 de mayo de 1728, por Benedicto XIII.