2 de abril de 2015

San FRANCISCO COLL. (1812-1875).


Martirologio Romano: En Vich, en la región de Cataluña, en España, san Francisco Coll, presbítero de la Orden de Predicadores, que, al ser injustamente exclaustrado, prosiguió su firme vocación y anunció por toda la región el nombre del Señor Jesucristo.

Nació en Gombrén, diócesis de Vich, Gerona, en el seno de una familia humilde. Desde niño fue muy piadoso y estudioso, temperamental y despierto. Su madre le descubrió la vocación sacerdotal e ingresó en el seminario de Vich en 1822. Tuvo como condiscípulos a Jaime Balmes, san Antonio María Claret, José Sadoc Alemany, dominico y primer arzobispo de California, Benito Vilamitjana, obispo de Tortosa y arzobispo de Tarragona, Mariano Puigllat, obispo de Lérida. Se alojó en casa de la familia Coma, en Puigseslloses y hasta llegar al seminario recorría a pie todos los días 5 kms. Era estudioso y dedicado a la oración. Un día, a raíz de la muerte de su madre, sintió la llamada de hacerse dominico.
En 1830, después de terminar sus estudios de Filosofía, ingresó en la Orden de Predicadores, en el convento de Santo Domingo de Vich, pero no pudo quedarse allí, porque no podía pagarse el primer año de noviciado, y tuvo que hacerlo en Gerona. Hizo la profesión religiosa en 1831. Fue un fraile obediente, simpático, amante de la limpieza y desapegado de las cosas materiales. Era devoto de María y tenía la costumbre de llevar siempre el rosario en la mano. Destacó pronto por sus cualidades de predicador. Estudió Teología. Durante el gobierno de Martínez de la Rosa, se dictaron normas contra las Ordenes religiosas, a causa de las guerras carlistas. En 1835 se cerró el convento de Gerona y  Francisco tuvo que regresar a Vich.
Terminó sus cursos de Teología, y tuvo las licencias para ordenarse sacerdote, pero el gobierno de Mendizabal, prohibió las ordenaciones. Francisco fue ordenado por el obispo de Solsona, el mercedario Juan José de Tejada en 1836. Mientras esperaba que se abrieran los conventos, ofreció sus servicios al obispo de Vich, que lo envió como coadjutor a la población de Artés y a los pocos meses a Moyá, pueblo que fue incendiado durante la guerra carlista; allí se dedicó por entero a su feligresía, dándoles animo, ayudándoles en lo más necesario. 
Destacó como predicador y predicó en las diócesis de Gerona, Vich, Solsona, Urgel, Lérida, Barcelona y Tarragona;  pronto se hizo famoso, y recorrió a pie toda Cataluña; en esta etapa vio la necesidad de la educación de los pueblos, especialmente de la mujer. La misión de Agramunt, Lérida, en 1851, provocó una discusión en las Cortes del Reino sobre la oportunidad de la predicación misionera. Con san Antonio María Claret, formó un equipo llamado Hermandad Apostólica, para desarrollar un amplio plan de evangelización de la sociedad, mediante ejercicios espirituales especialmente dirigidos al clero, misiones populares y publicaciones religiosas. Fundó la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata de Vich, en 1856, a pesar de que las Ordenes religiosas estaban prohibidas. Fue director del beaterio de Vich desde 1858 hasta su muerte. Fundó el “Rosario Perpetuo”, devoción que todavía hoy continúa. Publicó en catalán "La Hermosa Rosa", un devocionario centrado en el rosario. En 1869, cuando se hallaba predicando un novenario en Sallent, tuvo un ataque de apoplejía que le dejó totalmente ciego, consiguió con cuidados médicos recuperar algo de vista, pero se volvió a quedar ciego y totalmente inmóvil. Está enterrado en la iglesia de su pueblo natal. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 29 de abril de 1979 y canonizado or SS Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009.