5 de abril de 2015

OTROS SANTOS DEL DÍA:

Santa Irene de Tesalónica. M. 304. 
(Erinia, Irena, Irina)
Paz.
Martirologio RomanoEn Tesalónica, ciudad de Macedonia, santa Irene, virgen y mártir, que por haber ocultado los libros sagrados, en contra de la prohibición del emperador Diocleciano, fue conducida a un lupanar público y después quemada por orden del prefecto Dulcecio, bajo cuyo mandato también sus hermanas Ágape y Quionia habían padecido, poco antes, el martirio.
Mártir en Tesalónica. La leyenda dice que después de la muerte de sus hermanas, el juez le dijo: “Tus hermanas ya han sido castigadas. Pero tú no debes morir tan deprisa. A ti te ataremos desnudas en un prostíbulo para exhibirte públicamente y cada día recibirás un pan”. Y así sucedió. No obstante su castidad no fue mancillada, pues nadie osó tocarla o proferir palabras soeces contra ella. El juez al no lograr convencerla la sometió a toda clase de torturas y murió en la hoguera. Parece que fue martirizada por haber ocultado libros cristianos en la casa de sus padres. Sus restos se conservan en la iglesia de Santa Irene de las Higueras, en Asia Menor. 

Santa Ferbuta. M. c. 342. 
Martirologio Romano: En Seleucia, en Persia, santa Ferbuta, viuda, hermana de san Simeón obispo, que, junto con su sierva, fue martirizada en tiempo del rey Sapor II.
Viuda, hermana del obispo san Simeón Bar Sabbas, en Seleucia, Persia. Fue martirizada por orden del rey Shapor II por confesar su fe en Cristo.  
mapa de la Mauritania romana

Santos Mártires de Mauritania. M. 459. 
Martirologio RomanoEn Regie, en Mauritania, pasión de los santos mártires, que en la persecución bajo Genserico, rey arriano, recibieron la muerte en la iglesia el día de Pascua; entre ellos estaba el lector, que, mientras cantaba el Aleluya en el púlpito, fue traspasado con una saeta en la garganta.

San Alberto de Montecorvino. M. 1127. 
Brillante por su nobleza.
Martirologio Romano: En Montecorvino, en la Apulia, san Alberto, obispo, que dedicó su vida a la oración continua y a buscar el bien de los pobres
De origen normando, se estableció con sus padres en Montecorvino donde fue elegido obispo. Perdió la vista pero tuvo los dones de discernimiento de espíritu y de profecía; también fue un gran taumaturgo. 
En su ancianidad tuvo un coadjutor llamado Crescencio que lo trató con desprecio y crueldad. Era éste un hombre poco escrupuloso, que deseaba que san Alberto muriese cuanto antes para sucederle en el cargo. En vez de ayudar al obispo, Crescencio y sus amigos le dificultaban la tarea y se burlaban de él cruelmente. Nuestro santo sufrió todas estas pruebas con paciencia heroica, pero predijo a Crescencio que no disfrutaría mucho tiempo de la sede que codiciaba. Se dedicó a hacer el bien y atendió a los pobres. 
El pueblo de Montecorvino amó a su obispo hasta el fin. Cuando corrió la noticia de que había entrado en agonía, los hombres, las mujeres y los niños se reunieron llorando a las puertas de su casa. El santo les dio la bendición y los exhortó a vivir piadosa y rectamente. Después se quedó dormido y murió apaciblemente.